- El Teatro La Abadía presenta la adaptación teatral de Invisible, basada en la novela de Eloy Moreno.
- La obra, dirigida por José Luis Arellano con dramaturgia de Josep Maria Miró, aborda el acoso escolar y la violencia en las aulas.
- En cartel del 13 de marzo al 5 de abril, con funciones matinales para institutos y sesiones familiares por la tarde.
- El montaje se integra en la colaboración entre La Abadía y LaJoven para acercar el teatro a adolescentes y jóvenes.
El Teatro La Abadía de Madrid ha levantado el telón a una nueva propuesta escénica que pone el foco en un tema tan delicado como presente en las aulas: el acoso escolar y la violencia entre iguales. Se trata de la adaptación teatral de Invisible, la novela de Eloy Moreno que ha conectado con millones de lectores y que ahora da el salto al escenario con un montaje pensado, sobre todo, para adolescentes y jóvenes, pero también para sus familias y docentes.
La producción, que combina realismo cotidiano y elementos casi fantásticos, utiliza la historia de un niño de 12 años con un peculiar “poder” para hablar de lo que sucede cuando el maltrato se instala en un grupo de clase y nadie interviene a tiempo. El escenario se convierte así en un espacio donde el público se enfrenta, de forma directa y sin rodeos, a las consecuencias del silencio, la indiferencia y la falta de reacción del entorno.
Una novela de éxito que salta al escenario
Invisible llega a La Abadía como adaptación de la popular novela de Eloy Moreno, un libro que ya había dado el salto al formato audiovisual y que ha sido leído por un público muy amplio. El propio autor ha explicado en varias ocasiones que la obra no es autobiográfica, sino que nació a partir de la confesión de una amiga que había sufrido bullying. Al profundizar, descubrió que muchas personas de su entorno habían pasado por experiencias similares, lo que le hizo ver que no era un simple problema infantil, sino una herida que se arrastra también en la vida adulta.
En el centro del relato está un chico al que se conoce como Capi, un niño de 12 años que parece tener la capacidad de volverse invisible. Su “poder” funciona como metáfora de la invisibilidad que sufren quienes son acosados: a veces, cuando más desean pasar desapercibidos, todo el mundo los mira; otras, cuando claman por ser vistos y escuchados, nadie repara en ellos. Esta ambivalencia, tan reconocible para cualquier persona que haya sido víctima de acoso, es la base emocional del montaje teatral.
Moreno concibió la historia como una reflexión sobre las secuelas del maltrato, no solo en el momento en que se produce, sino años después, cuando los recuerdos de la violencia continúan condicionando decisiones, relaciones y autoestima. Ese trasfondo es el que recoge la puesta en escena en La Abadía, reforzando la dimensión social y educativa del texto.

Dirección de José Luis Arellano y dramaturgia de Josep Maria Miró
La adaptación que se puede ver en Madrid lleva la firma de José Luis Arellano en la dirección, director artístico de LaJoven, y de Josep Maria Miró en la dramaturgia, uno de los autores teatrales contemporáneos más traducidos en Europa. Ambos han construido un “artefacto teatral” que se apoya en la palabra, en la estructura del texto y en el trabajo preciso del elenco.
Arellano ha explicado que se interesó por la novela de Moreno por su calidad literaria y por la fuerza universal del relato. Lo que más le llamó la atención fue la manera en que el libro no solo retrata al agresor y a la víctima, sino que abre el foco hacia el entorno familiar y escolar, mostrando cómo padres, docentes y compañeros pueden contribuir, de forma activa o pasiva, a que la violencia se mantenga. En su opinión, era una historia que “tenía que ser contada en el teatro”, un medio que permite una conexión directa, casi cara a cara, con el espectador.
Por su parte, Miró ha descrito el montaje como un dispositivo complejo en el que cuatro personajes infantiles funcionan como monólogos entrelazados. En un momento clave de la función aparece un quinto personaje que irrumpe “como un huracán” y altera la dinámica dramática. El dramaturgo subraya que se trata de una pieza muy sonora, donde el ritmo, la musicalidad de las frases y las repeticiones componen una especie de partitura interna.
Esta concepción convierte el montaje en un reto técnico para los cinco intérpretes, que deben manejar cambios de tono, puntos de vista y niveles de intensidad emocional en muy poco tiempo. La obra, aunque está protagonizada por personajes jóvenes, está escrita “para un espectador inteligente”, sin rebajar la complejidad del lenguaje ni de las situaciones. Miró insiste en que no escribe “para una edad concreta”, sino para personas capaces de pensar y sentir con profundidad, incluidos los adolescentes.

Un cuento oscuro sobre la violencia y el deseo de ser visto
El propio Arellano define Invisible como “un cuento oscuro” que explora la naturaleza de la violencia a través del enfrentamiento clásico entre el bien y el mal. Hay un héroe, un villano y un entorno que, lejos de ser neutro, participa en lo que ocurre. Solo el afecto sincero, la empatía y el reconocimiento mutuo aparecen como posibles vías para romper el círculo de la agresión.
En escena se mezclan elementos de fantasía con un realismo muy crudo. El supuesto poder de Capi para desaparecer sirve para ilustrar cómo el acosado va perdiendo presencia, voz y hasta identidad ante la mirada de sus compañeros. El silencio de quienes observan y no intervienen, el desconcierto de algunos adultos y la ceguera voluntaria de otros se muestran de forma escalonada, analizando punto por punto los fallos de reacción de profesores, padres, amigos y del propio protagonista.
Uno de los ejes de la propuesta es precisamente ese recorrido por los “pasos” que se omiten en una situación de acoso: la importancia de contar lo que sucede, de escuchar sin minimizar, de actuar desde el primer indicio y de no normalizar comportamientos agresivos. La obra subraya que, cuando estas alertas se ignoran sistemáticamente, el resultado puede desembocar en problemas de salud mental muy graves, incluyendo intentos de suicidio en la juventud.
La puesta en escena no se recrea en el morbo ni en la violencia explícita, pero tampoco los oculta. La mezcla de momentos íntimos y otros casi oníricos permite al público seguir el proceso interno del protagonista, desde el deseo de pasar desapercibido hasta la necesidad urgente de ser visto y nombrado, de dejar de ser “invisible” a ojos de los demás.
Funciones para institutos, público familiar y gira estatal
El montaje de Invisible en el Teatro La Abadía está dirigido a espectadores a partir de 12 años, una franja de edad en la que muchos jóvenes empiezan a convivir con situaciones de acoso, ya sea como víctimas, testigos o partícipes. La obra estará en cartel del 13 de marzo al 5 de abril, combinando sesiones matinales para centros educativos con funciones de tarde abiertas a un público más amplio, incluidas familias.
En los días 13, 18, 19, 20, 25 y 26 de marzo se han programado pases especialmente pensados para institutos, gestionados en colaboración con LaJoven. Este formato permite que grupos de estudiantes acudan al teatro dentro del horario lectivo, integrando la experiencia artística en su formación académica y emocional. Para muchas personas jóvenes, puede ser su primer contacto con el teatro como espacio de reflexión sobre problemas reales.
Además de su estancia en Madrid, la producción tiene previsto salir de gira por España durante dos años, con el objetivo de llegar al mayor número posible de adolescentes de distintas comunidades autónomas. La combinación de funciones matinales para centros educativos y sesiones de tarde para público general se mantendrá en estas giras, reforzando la vertiente pedagógica del proyecto.
La iniciativa cuenta con el patrocinio de Fundación Bogaris y el apoyo de la Fundación Teatral Antonio Banderas y del Teatro del Soho Caixabank, colaboración que facilita la circulación de la obra por diferentes teatros y ciudades. De este modo, el mensaje contra el acoso escolar y la violencia en las aulas no se limita al ámbito madrileño, sino que se proyecta a escala estatal.
La Abadía, LaJoven y el compromiso con el público adolescente
Invisible se suma a una línea de trabajo que el Teatro de La Abadía ha decidido reforzar en los últimos años junto a LaJoven, la compañía impulsada por la Fundación Teatro Joven. Este es el tercer montaje de LaJoven que recala en La Abadía, después de Para acabar con Eddy Bellegueule (presente en dos temporadas consecutivas, 2020-2021 y 2021-2022) y Lagunas y niebla en la temporada 2023-24.
La colaboración entre ambas entidades se enmarca también en la participación de La Abadía en iniciativas como el festival ‘For/With/By’, coorganizado con LaJoven y centrado en proyectos hechos “para, con y por” jóvenes. Con este tipo de propuestas, el teatro madrileño busca consolidarse como un espacio en el que la adolescencia y la juventud sean protagonistas, no solo como público, sino también como creadores y temas de debate.
La Fundación Teatro Joven, responsable del proyecto LaJoven, tiene como misión tender puentes entre las artes escénicas y la sociedad, poniendo el foco en chicos y chicas en edad escolar. Su trabajo se orienta a fomentar el desarrollo emocional, el pensamiento crítico y la conciencia social a través del teatro, al tiempo que genera oportunidades laborales para intérpretes, técnicos y gestores jóvenes, que conectan generacionalmente con el público al que se dirigen.
Desde 2012, LaJoven ha estrenado 27 espectáculos que han reunido alrededor de 400.000 espectadores en más de un centenar de ciudades, incluyendo giras internacionales en países europeos como Portugal, Reino Unido y Alemania. Buena parte de estas funciones han sido matinales dirigidas específicamente a centros educativos, siempre con la idea de utilizar el teatro como herramienta de educación emocional y para la paz.
Reflexión urgente sobre el bullying y la violencia en las aulas
En la presentación ante los medios, el director artístico de La Abadía, Juan Mayorga, subrayó la urgencia de abordar el bullying escolar. Para él, “una sociedad no puede ser mejor que su escuela”, de modo que si en los centros educativos hay violencia, esa misma violencia se reproducirá fuera de ellos. Alertó de que una escuela violenta educa en la resignación y en el autoritarismo, algo frente a lo que, según sus palabras, es necesario combatir con firmeza.
Mayorga recordó que casi todo el mundo conoce algún caso cercano de acoso, ya sea en la familia o en el círculo de amistades, lo que convierte el tema en una cuestión que interpela a toda la comunidad. Su intervención subraya la intención de que Invisible no sea solo un espectáculo, sino también un detonante para la reflexión compartida entre estudiantes, profesorado, familias y espectadores en general.
Las declaraciones de Mayorga se suman a las del equipo artístico, que insiste en que el montaje busca mirar el fenómeno del acoso más allá del enfrentamiento entre agresor y víctima. El foco se amplía al papel del grupo, del aula, del centro educativo y del entorno familiar, subrayando que el silencio, la pasividad o la minimización del problema también contribuyen a sostenerlo en el tiempo.
En este sentido, la obra invita a preguntarse qué se podría haber hecho en cada fase del conflicto: cuándo alguien podría haber hablado, qué adulto debía haber intervenido, qué señales se pasaron por alto. Ese análisis pormenorizado de los “pasos que se saltan” padres, profesores, compañeros e incluso el propio acosado es uno de los hilos conductores de la función.
Al combinar un relato emocionalmente cercano con una estructura teatral exigente, el montaje aspira a que la experiencia no termine al salir del teatro. La intención es que sirva como punto de partida para charlas en clase, debates en casa o actividades educativas complementarias, aprovechando la fuerza de la ficción para abrir conversaciones que a menudo resultan incómodas o se postergan.
Con este estreno, el Teatro La Abadía y LaJoven refuerzan una apuesta clara por el teatro como herramienta de conocimiento y diálogo social, utilizando la historia de Capi y su deseo contradictorio de ser y no ser visto para poner en primer plano lo que ocurre cuando el maltrato se normaliza. Invisible se presenta así como un espejo incómodo pero necesario, que invita a adolescentes, familias y docentes a revisar qué lugar ocupan en las dinámicas de violencia y qué pueden hacer para transformarlas.
