Sebastià Alzamora, Premio Nacional de Poesía por su doble memoria histórica y familiar

Última actualización: 16 septiembre, 2026
  • El escritor mallorquín Sebastià Alzamora gana el Premio Nacional de Poesía 2026 por 'Sala Augusta seguit de Llengua materna'.
  • El poemario combina la denuncia de la represión franquista en Palma con un homenaje a su madre y a las mujeres de la industria del calzado.
  • El jurado destaca su capacidad para unir la historia colectiva y la intimidad doméstica, y subraya la importancia de premiar la literatura en catalán.
  • La obra, publicada por Proa, ya había sido reconocida con el Premio de la Crítica y el Cavall Verd, entre otros.

Premio Nacional de Poesía

El poeta y novelista mallorquín Sebastià Alzamora (Llucmajor, 1972) ha sido el gran protagonista de la jornada literaria al hacerse con el Premio Nacional de Poesía, correspondiente a 2026, por su obra ‘Sala Augusta seguit de Llengua materna’, publicada por el sello Proa. El galardón, que concede el Ministerio de Cultura y que está dotado con 30.000 euros, reconoce un trabajo que transita entre la memoria histórica más cruda y el retrato más íntimo y emocional.

La noticia la recibió el propio autor con una mezcla de sorpresa y emoción, según confesó a varios medios poco después de conocer el fallo del jurado. No era para menos: el libro, que ya había cosechado otros premios importantes, se ha convertido en uno de los títulos más celebrados del año y ahora ve refrendada su calidad con el máximo reconocimiento en poesía a nivel nacional.

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Un poemario doble: la infamia y el homenaje

El libro se estructura en dos poemas extensos que funcionan como caras de una misma moneda. El primero, ‘Sala Augusta’, es un único poema de verso largo y libre que rescata del olvido la memoria de los presos republicanos que estuvieron encarcelados en Can Mir, una prisión franquista que hoy es una sala de cine en pleno centro de Palma. Alzamora descubrió esa historia gracias a un amigo historiador y quedó tan impactado que decidió convertirla en materia poética. Él mismo ha explicado que aquel lugar, donde había visto películas durante su infancia, fue escenario de torturas y ejecuciones, y que ese hallazgo le removió por dentro.

El segundo poema, ‘Llengua materna’, es un sentido homenaje a su madre y a todas esas mujeres que, como ella, cosían zapatos en sus casas en condiciones muy precarias, con máquinas de pedales, para sacar adelante a sus familias. Una época en la que Mallorca era un polo importante de la industria del calzado, sobre todo en pueblos como Llucmajor, donde llegó a haber medio centenar de fábricas. El propio autor recuerda que aquel tejido productivo desapareció por completo con el boom del turismo, un monocultivo que, en su opinión, ha traído otros problemas como la masificación o la especulación.

Premio Nacional de Poesía

El jurado ha valorado precisamente esa capacidad de Alzamora para moverse con la misma solvencia entre la denuncia histórica y la ternura doméstica, algo que no es habitual. En el acta se lee que la obra trenza con maestría la historia colectiva y la intimidad familiar, y que el lenguaje, suspendido entre la lírica y la crudeza, invoca con urgencia la piedad y la necesidad del recuerdo. No es un libro cómodo ni fácil, como admite el propio autor, tanto por la forma como por el fondo, ya que ‘Sala Augusta’ prescinde de la puntuación y se apoya en referencias a poetas como Saint-John Perse o René Char.

Un escritor consolidado con una larga trayectoria

Alzamora no es ningún recién llegado. Licenciado en Filología Catalana por la Universitat de les Illes Balears, se dio a conocer en 1994 con el poemario ‘Rafel’, que le valió el Premio Salvador Espriu. Desde entonces ha ido construyendo una carrera sólida tanto en poesía como en narrativa, con títulos como ‘Sara y Jeremías’, ‘La piel y la princesa’, ‘Crimen de sangre’, ‘Rabia’ o ‘El Federal’, su última novela. A lo largo de su carrera ha acumulado premios de gran prestigio como el Josep Pla, el Sant Jordi o el Òmnium a la mejor novela del año, lo que le convierte en una de las voces más respetadas de las letras catalanas.

Su obra ha sido traducida a media docena de idiomas, entre ellos el castellano, el francés, el inglés o el italiano, y también ha formado parte de movimientos literarios como el de los llamados Imparables, un grupo de escritores que a principios de los 2000 apostaba por una literatura de riesgo. Ahora, con este Premio Nacional, se confirma su estatus y se reconoce, además, el valor de la literatura escrita en catalán dentro del conjunto del Estado.

Premio Nacional de Poesía

Un galardón con trasfondo político y lingüístico

Más allá de lo estrictamente literario, el premio tiene una lectura política evidente. El propio Alzamora ha querido subrayar la importancia de que un premio nacional reconozca una obra escrita en catalán, especialmente en un contexto en el que, según denuncia, el gobierno de Baleares, formado por derecha y extrema derecha, trabaja en contra de la lengua catalana. El autor no ha dudado en señalar que vivimos una nueva ola de fascismo y que es más necesario que nunca cuidar la memoria histórica y transmitirla sobre todo a los más jóvenes.

También ha tenido palabras para la diversidad lingüística del Estado, defendiendo que la literatura catalana es una de las grandes de Europa, no por número de hablantes sino por calidad. Ha reconocido que le hubiera gustado recibir la felicitación de más autoridades políticas, aunque finalmente la presidenta balear Marga Prohens sí se puso en contacto con él. El autor ha destacado que la literatura no es una competición y que los premios no hacen que un libro sea mejor, aunque él celebra este reconocimiento con una ilusión especial porque se trata de una obra muy personal y vinculada a sus raíces.

Más reconocimientos para una obra ya premiada

‘Sala Augusta seguit de Llengua materna’ no es la única obra que ha triunfado este año. Antes de llegar al Premio Nacional, el poemario ya se había hecho con el Premio de la Crítica en Lengua Catalana de poesía, el Cavall Verd que concede la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana y el Crítica Serra d’Or. Todo un palmarés que confirma que el libro ha conectado con la crítica especializada y que lo sitúa entre lo más destacado del panorama poético actual.

El autor tiene además otros proyectos entre manos. Previsiblemente, a principios del próximo año publicará una nueva novela, también con Proa, y está preparando un breve ensayo sobre Blai Bonet y Pier Paolo Passolini con motivo del centenario del escritor mallorquín. Es decir, que Alzamora no para, y este premio llega en un momento dulce de su carrera, con la satisfacción de ver que su trabajo y su compromiso con la memoria y con la lengua tienen recompensa.

Premio Nacional de Poesía

El eco en las Islas y un recuerdo para Manel Marí

La noticia del premio también ha tenido un notable eco en las Islas Baleares, donde Alzamora es una figura muy querida y respetada. No en vano, su vinculación con Eivissa es estrecha, forjada a través de la amistad con el poeta Manel Marí, fallecido en 2018. Alzamora ha sido uno de los grandes defensores de su obra y ha participado en diversos homenajes en la isla, incluido el que se celebró en 2025 con motivo de su 50 aniversario. Esa conexión personal y literaria añade una capa más de emotividad a un galardón que, aun siendo individual, se siente también como un reconocimiento colectivo del momento que viven las letras baleares.

El premio, que en la pasada edición recayó en Miriam Reyes, se suma ahora a una lista de nombres ilustres como Miren Agur Meabe o Aurora Luque, y demuestra que la poesía escrita en las distintas lenguas del Estado sigue gozando de buena salud. Con este nuevo espaldarazo, Sebastià Alzamora no solo consolida su carrera, sino que reivindica una forma de entender la poesía como un vehículo para la memoria, la denuncia y la emoción más sincera, algo que, sin duda, seguirá dando que hablar.

Ahora, con el premio ya en el bolsillo y la atención mediática puesta en él, el escritor tiene la vista puesta en sus futuros proyectos, aunque por el momento celebra este reconocimiento. Y lo hace con una idea clara: la literatura, la memoria y la lengua catalana merecen seguir siendo defendidas, también desde los galardones oficiales. Un espaldarazo que llega en un momento delicado en lo político, pero que demuestra que la calidad literaria no entiende de fronteras ni de lenguas.