Saquen sus muertos de Rayco Pulido: cómic, peste y memoria canaria

Última actualización: 14 abril, 2026
  • Saquen sus muertos adapta al cómic la novela Verano de Juan “el Chino” de Claudio de la Torre, ambientada en la epidemia de cólera de 1851 en Gran Canaria.
  • Rayco Pulido construye una obra en blanco y negro que mezcla aventura, romance y crítica social, con un fuerte peso del lenguaje visual y del ritmo narrativo.
  • El cómic rescata la figura de Claudio de la Torre y reivindica la literatura canaria, con vocación educativa y apoyo del Ministerio de Cultura.
  • Publicada por Astiberri, la novela gráfica supone el gran regreso de Pulido tras Lamia y se ha recibido como uno de sus trabajos más logrados.

Novela gráfica Saquen sus muertos

Saquen sus muertos es una de esas obras que llegan en el momento justo, conectando pasado y presente de una manera tan potente que resulta imposible leerla sin pensar en lo que hemos vivido recientemente con las pandemias. La novela gráfica de Rayco Pulido, publicada por Astiberri, rescata y transforma en cómic la olvidada novela corta Verano de Juan “el Chino” de Claudio de la Torre, un autor canario tan premiado en su época como injustamente relegado después al olvido, especialmente fuera del archipiélago.

En sus escasas 96 páginas en blanco y negro, Pulido construye un cómic duro, elegante y tremendamente humano, que nos traslada al verano de 1851 en una ciudad atlántica arrasada por el cólera-morbo, trasunto directo de Las Palmas de Gran Canaria. A través de la mirada de Juan “el Chino” vemos cómo una plaga descompone de golpe el entramado social, reduce la sociedad a la dicotomía brutal entre vivos y muertos y, aun así, deja espacio para una historia de amor, dignidad y resistencia frente al caos.

Origen de la historia: del verano de 1851 a la viñeta

La base de esta novela gráfica es Verano de Juan “el Chino”, una breve novela publicada en 1971 por el escritor grancanario Claudio de la Torre. Se trata de su última obra de ficción larga, escrita cuando apenas podía ver, y que condensa en muy pocas páginas una historia de enorme fuerza visual y dramática. De la Torre, que fue poeta, narrador, dramaturgo, guionista de cine y director teatral, llegó a dirigir Radio Nacional de España y el teatro María Guerrero, además de rodar películas para la Paramount, y obtuvo dos premios nacionales de literatura en diferentes disciplinas.

El texto de De la Torre, publicado en su día en la Revista de Occidente, una de las cabeceras de referencia de las letras hispánicas, quedó como una joya oculta de la literatura canaria. Muchos estudiosos han señalado que en esa novela breve aparecen de forma adelantada varios elementos que luego harían célebre a Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera: la epidemia como telón de fondo, el peso del entorno social y sanitario en las relaciones amorosas o la ciudad marcada para siempre por la enfermedad. La obra de De la Torre es anterior; no se puede probar una influencia directa, pero sí subrayar esa curiosa coincidencia de motivos.

La novela se inspira en los textos periodísticos de Néstor Álamo sobre la epidemia de cólera que asoló Gran Canaria a mediados del siglo XIX. Aunque en el relato original nunca se llega a nombrar abiertamente la ciudad ni la isla, las referencias históricas y el contexto encajan con el brote de 1851 en Las Palmas, que arrasó aproximadamente con una quinta parte de la población de la capital, es decir, en torno al 10 % de los habitantes de toda la isla.

En aquel verano fatídico se estableció un cordón sanitario para aislar la ciudad por mar y por tierra. Las autoridades clausuraron las comunicaciones, la burguesía huyó al interior -con menciones a familias que se refugian en Valsequillo, como la del joven Benito Pérez Galdós– y el clero y las clases acomodadas escaparon en cuanto pudieron, dejando tras de sí una ciudad desarticulada, enferma y prácticamente sin gobierno efectivo.

El texto de De la Torre, publicado en su día en la Revista de Occidente, una de las cabeceras de referencia de las letras hispánicas, quedó como una joya oculta de la literatura canaria. Muchos estudiosos han señalado que en esa novela breve aparecen de forma adelantada varios elementos que luego harían célebre a Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera: la epidemia como telón de fondo, el peso del entorno social y sanitario en las relaciones amorosas o la ciudad marcada para siempre por la enfermedad. La obra de De la Torre es anterior; no se puede probar una influencia directa, pero sí subrayar esa curiosa coincidencia de motivos.

Trama: Juan “el Chino”, la peste y una ciudad partida en dos

El protagonista de la historia es Juan, apodado “el Chino”, un joven vagabundo que, antes de la plaga, apenas contaba para la sociedad. Era un paria, un tipo que vivía en los márgenes, sin peso ni voz. Sin embargo, la irrupción del cólera cambia las reglas del juego: Juan está sano, es inmune a la enfermedad y, de repente, su cuerpo resistente y su disposición a trabajar le convierten en una pieza clave para el funcionamiento de la ciudad agonizante.

Su tarea cotidiana consiste en recorrer las calles para sacar los cadáveres de las casas y llevarlos a fosas comunes, además de comprobar el estado de los enfermos. Recorre callejones vacíos, viviendas cerradas a cal y canto, plazas en las que apenas se ve a nadie salvo a los moribundos o a algún superviviente aferrado a lo poco que le queda. A través de sus ojos, tanto en la novela original como en la adaptación al cómic, contemplamos una ciudad espectral, donde los sonidos dominantes son los gritos de auxilio, los sollozos y el eco lejano de voces que claman «saquen sus muertos».

En este paisaje casi postapocalíptico, las antiguas diferencias de clase se diluyen en apariencia: ya no hay aristócratas, burgueses y pobres, sino una división brutal entre quienes siguen respirando y quienes han sucumbido a la enfermedad. La jerarquía social clásica se difumina, pero solo hasta cierto punto, porque el cómic muestra con claridad que incluso en la catástrofe muchos intentan aprovechar el vacío de poder para beneficiarse a costa del resto. Hay saqueos, abusos, corrupción y una moral que se desmorona según la peste avanza.

En medio de ese caos, el relato introduce una historia de amor entre dos personajes de clases sociales distintas: Juan y Isabel. La relación entre ambos rompe las barreras tradicionales entre los mundos de arriba y de abajo y funciona como una especie de oasis emocional en un ambiente asfixiante. No es un romance edulcorado, sino un vínculo frágil que se abre paso entre la muerte, la mugre y el miedo, y que encarna la posibilidad de una vida distinta una vez pase la plaga, si es que llegan a sobrevivir.

La obra subraya cómo, cuando todo se viene abajo, la gente queda despojada de los disfraces sociales: títulos, normas y apariencias dejan de servir. Queda lo que cada uno es de verdad. Pocos personajes conservan una cierta decencia; la mayoría se mueven entre el egoísmo, la desesperación y la pura supervivencia. Ese contraste entre la degradación general y algunos destellos de humanidad es uno de los motores dramáticos más potentes tanto en la novela de De la Torre como en el cómic de Pulido.

Rayco Pulido y la adaptación al lenguaje del cómic

El autor de la adaptación, Rayco Pulido Rodríguez (Telde, 1978), no es precisamente un recién llegado. Licenciado en Bellas Artes, docente de instituto y uno de los historietistas más singulares del panorama español, llevaba años moviéndose entre la narrativa gráfica de autor y la recuperación de clásicos literarios canarios mediante el cómic. Antes de Saquen sus muertos, ya había publicado obras como Final feliz (con guion de Hernán Migoya), Sordo (con guion de David Muñoz), Sin título. 2008-2011, Nela y, sobre todo, Lamia, con la que ganó en 2017 el Premio Nacional del Cómic.

De hecho, Nela era ya una adaptación de una novela canónica, Marianela de Benito Pérez Galdós. Pulido ha contado en más de una ocasión que trabajar sobre el texto galdosiano fue una especie de laboratorio: quería dar el salto a firmar tanto guion como dibujo, pero aún no se veía del todo preparado para partir de cero, así que eligió un clásico que él mismo había sufrido como lectura obligatoria en el instituto y que revisó años después como profesor, descubriendo una riqueza que no había percibido de adolescente. Transformarlo en cómic fue su forma de crear una puerta de entrada al universo de Galdós para nuevas generaciones.

En el caso de Saquen sus muertos el camino fue distinto. La novela de De la Torre llegó a sus manos gracias a una conversación sobre literatura canaria con su amigo y bibliotecario Ariel Brito. Pulido se dio cuenta de que su conocimiento de la narrativa isleña era limitado, y Brito le insistió en que empezara precisamente por Verano de Juan el Chino. Dos semanas después, ambos estaban ya fantaseando con la posibilidad de una adaptación al cómic, porque el libro le pareció una auténtica joya desde las primeras páginas.

Uno de los factores que facilitaron el salto de la novela al cómic fue el propio estilo narrativo de Claudio de la Torre en esa última etapa de su carrera. Acostumbrado a escribir para cine, radio y teatro, su prosa era extremadamente visual y apoyada casi por completo en la acción y el diálogo. Apenas hay voz de narrador omnisciente ni largos monólogos interiores; como mucho, los personajes piensan murmurando en voz baja. Eso encaja casi a la perfección con el lenguaje de la historieta, donde lo que importa es lo que se ve y lo que se dice en escena.

Además, el texto original rondaba las cien páginas y el cómic se ha quedado en 96 páginas, un paralelismo de extensión que permitió a Pulido trabajar con bastante fidelidad, sin necesidad de recortar de manera salvaje ni de añadir tramas nuevas. Su objetivo declarado ha sido crear un artefacto cultural autónomo: fiel al espíritu del libro, pero plenamente consciente de que el cómic tiene su propio lenguaje y sus propias reglas. Es el mismo enfoque que ya había aplicado en Nela y que aquí lleva todavía más lejos.

Decisiones creativas: ritmo, blanco y negro y lenguaje visual

A la hora de adaptar la novela, Rayco Pulido subraya que tuvo que estar tomando decisiones a cada paso. Desde la relectura inicial del texto hasta el acabado final, se planteó cuestiones como: cómo enganchar al lector en la última viñeta de cada página para que sienta la necesidad de pasar a la siguiente, qué protagonismo darle a los escenarios urbanos y rurales en cada secuencia, qué tono debía tener cada capítulo, en qué momentos acelerar el ritmo y cuándo hacer que la lectura se detuviera y respirara un poco.

Una de las elecciones clave fue apostar con firmeza por el blanco y negro. No es una novedad en su carrera, pero aquí cobra una importancia especial. Pulido utiliza gamas de grises, tramas y texturas para sustituir a los colores y construir atmósferas muy densas: interiores opresivos, calles vacías, cielos pesados sobre la ciudad, campos cercanos que no ofrecen una escapatoria real. El contraste entre luz y sombra refuerza la sensación de amenaza constante y, a la vez, permite pequeños respiros visuales cuando la narración lo pide.

El cómic prescinde casi por completo de textos de apoyo y bocadillos de pensamiento. Toda la emoción se traslada mediante recursos estrictamente gráficos y de diálogo: miradas que se desvían, hombros que se desploman, perfiles recortados en la penumbra, sombras que cubren parcialmente un rostro, bocas que literalmente desaparecen de la viñeta para sugerir silencios incómodos o palabras que no pueden pronunciarse. Es un cómic donde el lenguaje corporal y el uso del encuadre tienen tanto peso como las frases que se leen.

El diseño de personajes es aparentemente sobrio y esquemático, pero muy funcional. Sin recurrir a un detallismo extremo, Pulido consigue que cada figura sea perfectamente reconocible y transmita rasgos de carácter desde la primera aparición. En una ciudad sin ley convertida en una especie de prisión a cielo abierto, cada rostro habla de su pasado y de su posición en el nuevo orden impuesto por la plaga: soldados agotados, clérigos huidizos, burgueses asustados, enfermos resignados, supervivientes crispados… y, al centro, el propio Juan “el Chino”, que pasa de ser un don nadie a un personaje imprescindible y, paradójicamente, más libre que muchos de los que antaño le miraban por encima del hombro.

En términos de ritmo narrativo, el cómic es ágil y directo, igual que la novela. Las escenas encadenan aventura, romance, viaje y crítica social sin que ninguna de esas capas resulte forzada. No hay relleno: cada página empuja hacia adelante la historia o profundiza en la psicología de los personajes. La escena inicial, con ese clamor de «saquen sus muertos» en una ciudad devastada, es uno de los momentos más impactantes de la obra y funciona como declaración de intenciones: aquí no se va a maquillar nada.

Una ciudad reconocible: Las Palmas de Gran Canaria como escenario

Un matiz importante de la adaptación es que, mientras la novela de Claudio de la Torre evita nombrar explícitamente el lugar, Rayco Pulido decide hacer que Las Palmas de Gran Canaria sea perfectamente identificable para quien conozca la ciudad, aunque no lo subraye con rótulos ni explicaciones directas. Los paisajes urbanos, las calles, algunos edificios y el entorno geográfico remiten claramente a la capital grancanaria del siglo XIX.

Aun así, la obra mantiene el carácter de isla sin nombre condenada por la epidemia, lo que le da una dimensión universal. Cualquier lector puede ver ahí reflejadas otras ciudades que, en momentos de crisis, han sido abandonadas por las élites o sometidas a cuarentenas brutales, desde el Mediterráneo hasta América Latina. El cómic se mueve así entre lo local y lo global: es profundamente canario, pero no se queda en la anécdota regional.

La acción no se restringe solo al casco urbano. Una parte relevante de la historia se traslada al medio rural cercano, obligando al autor a dibujar todo tipo de entornos: caminos, fincas de interior, barrancos, zonas agrícolas. Este contraste entre la ciudad encarcelada por el cordón sanitario y el campo al que escapan quienes pueden permitírselo refuerza la idea de una sociedad partida, no solo entre vivos y muertos, sino también entre quienes tienen recursos para huir y quienes se quedan encerrados en la ratonera.

La representación gráfica de esa ciudad cercada, casi convertida en una cárcel masiva, es uno de los puntos fuertes del cómic. Las primeras páginas -auténticamente prodigiosas en términos de composición- muestran de golpe el alcance del desastre: calles atestadas de cadáveres, carros de muertos, edificios cerrados, soldados vigilando, curas que desaparecen de escena y, de fondo, el mar como recordatorio de un exterior que, de momento, ha dejado de existir para los habitantes atrapados.

En paralelo, los diseños de los personajes forman un mosaico de tipos humanos que, juntos, dan una imagen muy completa de la sociedad canaria de mediados del XIX: pequeños comerciantes, campesinos, clérigos, burgueses, funcionarios, prostitutas, niños huérfanos… Cada uno reacciona a la peste a su manera, pero la sensación común es de desintegración del tejido social. La ciudad ya no es una comunidad; es un conjunto de individuos intentando salvarse como pueden.

Crítica social, pandemia y ecos del presente

Más allá de su trama de aventuras y romance, Saquen sus muertos es, sobre todo, una obra de crítica social muy afilada. Tanto el libro original como el cómic señalan sin rodeos la forma en que la organización social occidental, pese a sus discursos sobre valores y solidaridad, se desploma en cuanto la situación se complica. Cuando la peste golpea, la prioridad de casi todos pasa a ser salvar el propio cuello, incluso a costa de los demás.

La plaga actúa como detonante que destapa hipocresías, injusticias y desigualdades que ya estaban ahí, pero que el día a día maquillaba. Es significativo que la sociedad quede reducida a «vivos» y «muertos» en términos simbólicos: esa simplificación brutal refleja la sensación de que las antiguas distinciones de clase se vuelven irrelevantes ante la muerte, pero también revela que ni siquiera en esas circunstancias extremas desaparecen del todo las jerarquías y los privilegios.

La historia de amor entre Juan e Isabel funciona, en este contexto, como una grieta de esperanza. Es una relación que transgrede las fronteras de clase y que sugiere la posibilidad de construir algo diferente a partir de las ruinas. Durante la pandemia de la COVID-19 se repitió hasta la saciedad el mantra de que «saldríamos mejores» y que el desastre serviría para repensarlo todo. La experiencia posterior, como sabemos, fue bastante más gris. Ese paralelismo con lo que ocurrió en 1851 -y con lo que narra el cómic- dota a la obra de una actualidad incómoda, porque nos obliga a reconocer patrones que se repiten una y otra vez.

Hay un punto especialmente irónico en el hecho de que Rayco Pulido empezara a trabajar en Saquen sus muertos justo antes de la irrupción de la pandemia de la COVID-19. Tal y como se ha contado en el material promocional, el proyecto estaba ya en marcha cuando llegó el confinamiento. Es difícil que esa experiencia colectiva no se filtrara, siquiera inconscientemente, en el tono de la obra: la sensación de aislamiento, el miedo al contagio, la desconfianza hacia las instituciones, la fragilidad de los lazos sociales… Todo eso resuena de forma muy clara en las páginas del cómic.

El propio Pulido ha explicado que quería que su adaptación tuviera entidad propia, que no fuera simplemente una ilustración de la novela, y que condensara la esencia del original pero dialogando con el presente. Lo consigue precisamente al subrayar esos elementos universales: cómo reacciona una colectividad cuando desaparecen los referentes de siempre, quién se queda al pie del cañón y quién desaparece en cuanto sopla el primer viento en contra, qué lugar queda para la empatía cuando el miedo lo domina todo.

Rescate de Claudio de la Torre y dimensión educativa

Uno de los motores declarados del proyecto es un cierto sentido de justicia literaria. Claudio de la Torre fue una figura muy respetada en su época, con premios, cargos relevantes y una obra amplia que abarca novela, cuento, poesía, drama y guion. Sin embargo, hoy su nombre apenas suena fuera de círculos especializados, y ni siquiera en Canarias tiene la visibilidad que cabría esperar de alguien con su trayectoria.

En los últimos años, el Cabildo de Gran Canaria ha impulsado la reedición de buena parte de su obra, gracias, entre otros, al trabajo de editores como Guillermo Perdomo, que ha preparado antologías y recuperado textos difíciles de encontrar. Aun así, muchos libros de De la Torre siguen siendo prácticamente inaccesibles, limitados a librerías de viejo o a búsquedas pacientes en webs de segunda mano. La propia Verano de Juan el Chino era, hasta hace poco, un título fantasma para el gran público.

Al convertir esa novela en una novela gráfica publicada por Astiberri -una editorial con distribución nacional, fuerte presencia crítica y un equipo muy competente en la venta de derechos al extranjero-, Pulido confía en que la obra de De la Torre empiece a ocupar el lugar que merece. La primera tirada de Saquen sus muertos se ha situado en torno a los 4.000 ejemplares, una cifra respetable para una novela gráfica de estas características, y abre la puerta a que lectores de toda España (y potencialmente de fuera) descubran al autor canario a través del cómic.

La dimensión educativa del proyecto también es importante. Como docente, Pulido es muy consciente de lo difícil que resulta hoy fomentar el hábito lector entre el alumnado más joven. Muchas veces, títulos como Marianela o Panza de burro se perciben simplemente como «otra lectura obligatoria más», algo que hay que superar casi como un trámite. El lenguaje decimonónico o los registros alejados de su realidad cotidiana suponen una barrera que no todos están dispuestos a cruzar.

En ese contexto, el cómic puede actuar como un caballo de Troya muy eficaz en los planes de lectura: permite acceder a historias complejas y de gran calado a través de un medio que conecta mejor con la forma en que las nuevas generaciones consumen narrativas visuales. Sin embargo, Pulido lamenta que el potencial del cómic esté todavía infrautilizado en la educación formal. Su adaptación de Saquen sus muertos aspira también a servir como puerta de entrada a la literatura canaria y a una parte de la historia de Gran Canaria que ayuda a entender incluso conflictos posteriores, como el pleito insular.

Paradójicamente, mientras el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, sí supo ver el valor del proyecto y le concedió una ayuda a la creación, algunas instituciones locales como el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria o la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias no se mostraron especialmente receptivas en un primer momento. Esa desidia institucional contrasta con el potencial del cómic como herramienta para rescatar la memoria literaria e histórica del archipiélago.

La importancia de este rescate se hace aún más evidente si se tiene en cuenta que Saquen sus muertos se publica en una editorial consolidada, con un diseño de edición muy cuidado, una reproducción que permite apreciar el trabajo detallista de Pulido en cada viñeta y una inclusión en la colección Sillón orejero, donde comparte catálogo con otros títulos destacados del cómic contemporáneo en castellano.

Publicación, recepción y regreso de un autor clave

La novela gráfica Saquen sus muertos vio la luz con Astiberri Ediciones, en formato cartoné, 96 páginas y un precio en torno a los 18 euros. El diseño y la rotulación manual corren a cargo del propio Rayco Pulido, la maquetación la firma Alba Diethelm, la corrección textual es de Soraya Pollo y la edición ha sido coordinada por Javier Zalbidegoitia. La obra contó, como se ha mencionado, con apoyo económico del Ministerio de Cultura en su fase de creación.

El lanzamiento del cómic se acompañó de presentaciones públicas, entre ellas una especialmente significativa en la Biblioteca Insular de Las Palmas de Gran Canaria, el 20 de marzo a las 18:30. En ese acto, Pulido estuvo acompañado por el filólogo y coordinador del club de lectura Jardín de las delicias, Eduardo Perdomo, con quien dialogó sobre la adaptación, la figura de Claudio de la Torre y la situación de la literatura canaria en los planes de estudio.

La obra ha recibido una acogida muy calurosa por parte de la crítica especializada y de los lectores de cómic. Diez años después de la publicación de Lamia, muchos seguidores de Pulido llevaban tiempo esperando un nuevo trabajo largo suyo, más allá de la casi inencontrable Ida y vuelta (biografía en cómic del explorador José Viera y Clavijo, publicada por Ediciones Idea y con una distribución muy limitada). Saquen sus muertos ha sido vista, en ese sentido, como el regreso por la puerta grande de un autor cuya voz narrativa se echaba de menos en el panorama nacional.

Entre los aspectos más elogiados por la crítica destacan el retrato del caos en una sociedad en descomposición, la sutileza con la que se muestra la evolución de la relación entre Juan e Isabel y la mencionada escena de apertura, de un impacto visual y emocional extraordinario. También se ha subrayado la capacidad de Pulido para integrar aventura, tensión romántica, viaje, reflexión social y crítica política en un relato compacto que nunca pierde el pulso.

Si hubiera que buscar un punto negativo, algunos comentaristas señalan casi con humor que lo peor de Saquen sus muertos es el tiempo que probablemente habrá que esperar hasta poder disfrutar de un nuevo proyecto largo de Rayco Pulido, vista la minuciosidad con la que trabaja y la dificultad de compaginar la creación de cómics con su labor docente y las condiciones del mercado editorial español.

La resonancia de la obra ha llegado también a espacios de divulgación cultural y de cómic, como el programa 527 de un conocido podcast de historieta, donde se entrevistó a Pulido sobre la adaptación y se analizó en detalle el contexto de Verano de Juan el Chino, así como la situación de la historieta española contemporánea.

Saquen sus muertos se consolida así como una de las novelas gráficas más interesantes de su autor y, al mismo tiempo, como una puerta de entrada privilegiada a la figura de Claudio de la Torre, a la memoria del cólera en Gran Canaria y a una reflexión profundamente actual sobre cómo nos comportamos los seres humanos cuando el suelo tiembla bajo nuestros pies. Entre carros de cadáveres, cordones sanitarios y amores improbables, el cómic de Rayco Pulido nos recuerda que, incluso en los peores veranos de la historia, siempre queda un margen, por pequeño que sea, para seguir siendo humanos.

Tenerife Noir
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