- “La Medusa” de BOUM usa una mancha-medusa en el ojo como metáfora visual de enfermedad, duelo y fragilidad.
- El cómic mezcla medicina gráfica y slice of life para retratar la vida urbana de una joven canadiense con una discapacidad emergente.
- Otras obras con medusas exploran ciencia ficción, duelo adolescente, bioterrorismo, longevidad y relecturas feministas del mito.
- La medusa se consolida como símbolo literario para hablar de miedo, cambio, cuerpo y poder en contextos muy diversos.

La imagen de una medusa puede llevarnos a pensar en el mar, en lo exótico o incluso en el peligro, pero en los últimos años se ha convertido también en un potente símbolo literario. Bajo ese mismo término se han publicado obras muy distintas entre sí: una novela gráfica intimista sobre el duelo y la pérdida de visión, una distopía juvenil de ciencia ficción con robots y medusas gigantes, historias juveniles sobre la amistad y el luto, thrillers de bioterrorismo y hasta ensayos científicos sobre la longevidad inspirados en la llamada “medusa inmortal”.
En esta reseña extensa y comparativa vamos a centrarnos en “La Medusa”, la novela gráfica de BOUM, pero también pondremos en contexto otras obras tituladas “Medusa” o con medusas como eje simbólico para entender mejor por qué este animal marino se ha convertido en una metáfora tan poderosa. No te asustes por la longitud: la idea es que salgas de aquí con la sensación de haber hecho una inmersión completa en el tema, como si hubieras leído varias reseñas a la vez, pero con un tono cercano y muy digerible.
“La Medusa” de BOUM: una novela gráfica que te agarra del corazón

La obra que nos ocupa en primer plano es “La Medusa” de BOUM (seudónimo de la autora canadiense Samantha Leriche-Gionet), publicada en español por la editorial La Cúpula. Se trata de una novela gráfica en blanco y negro que mezcla con enorme sensibilidad la llamada “medicina gráfica” con el slice of life, ese tipo de cómic que retrata la vida cotidiana con un enfoque generacional y emocional.
La protagonista es Odette, una joven de veintipocos que vive en una ciudad canadiense actual, en pleno tránsito entre la juventud y la adultez “seria”. Trabaja en una librería pequeña que, sin ser el empleo de sus sueños, le permite pagar el alquiler de su propio piso, disfrutar de cierta independencia y salir con su grupo de amigos de siempre. Tiene citas, se preocupa por qué ponerse, habla de mangas, de música y de las tonterías del día a día que, en realidad, sostienen buena parte de nuestra identidad.
En apariencia, Odette se encuentra en un momento relativamente equilibrado: vida independiente, trabajo digno, amistades estables y un incipiente enamoramiento que le acelera el pulso. Todo parece ir razonablemente bien hasta que algo mínimo, casi anecdótico, irrumpe en su campo visual: una pequeña mancha oscura que flota delante de su ojo y se desplaza como si fuera un organismo vivo. BOUM la representa como una medusa.
Lo que empieza como una extrañeza óptica medio curiosa se va convirtiendo, poco a poco, en una presencia invasiva. Esa primera medusa no viene sola: se reproduce, se multiplica, oscurece la mirada de Odette y, con ello, contamina su experiencia del mundo. Lo que podría entenderse como un simple síntoma físico termina transformándose en un abismo metafórico que habla del miedo, de la enfermedad, del duelo y de la forma en que la percepción (visual y emocional) se puede resquebrajar.
En este punto la autora utiliza la medusa no como un elemento fantástico tradicional, sino como un símbolo de todo aquello que invade sin pedir permiso: tristeza, ansiedad, incertidumbre, dolor, sensación de pérdida de control. Las medusas negras crecen y llenan las viñetas, hasta cubrir casi por completo la página, mientras Odette ve cómo su enfermedad ocular avanza y su vida cotidiana se tambalea.
Lo que empieza como una extrañeza óptica medio curiosa se va convirtiendo, poco a poco, en una presencia invasiva. Esa primera medusa no viene sola: se reproduce, se multiplica, oscurece la mirada de Odette y, con ello, contamina su experiencia del mundo. Lo que podría entenderse como un simple síntoma físico termina transformándose en un abismo metafórico que habla del miedo, de la enfermedad, del duelo y de la forma en que la percepción (visual y emocional) se puede resquebrajar.
Metáfora visual de la enfermedad y el duelo

Uno de los aciertos más potentes de esta novela gráfica es su uso de la medusa como metáfora visual de la enfermedad. A diferencia de otros cómics que se apoyan sobre todo en diálogos explicativos, BOUM confía en la fuerza de la imagen para transmitir lo que siente la protagonista. Las viñetas se deforman, los bordes se disuelven, la mancha-medusa se desliza por delante de todo, y el lector ve literalmente cómo la realidad se nubla a ojos de Odette.
Este recurso no solo ilustra un problema ocular, sino que, en paralelo, hace tangible un proceso de duelo: la pérdida de la visión tal como la conocía, la renuncia a ciertas expectativas vitales, el miedo a la discapacidad y al cambio forzoso de planes. La enfermedad se convierte en un eje alrededor del cual giran sus relaciones, su autonomía y su modo de estar en el mundo.
Sin embargo, y esto es importante, “La Medusa” no se limita a recrearse en el sufrimiento. La autora muestra cómo, incluso en medio de las sombras, aparecen refugios: la familia, las amistades, las relaciones sentimentales que no huyen ante la fragilidad. La historia insiste en la importancia de saber aceptar ayuda, de permitir que las personas queridas entren en ese territorio íntimo donde solemos encerrarnos cuando algo va mal.
En este sentido, la obra encaja perfectamente dentro de lo que se ha llamado “medicina gráfica”: cómics que abordan enfermedades, procesos médicos o condiciones crónicas desde un enfoque humano, cercano y muchas veces autobiográfico. BOUM se inspira en su propia experiencia con la pérdida de visión; se nota que lo que dibuja y cuenta está atravesado por vivencias reales, por consultas médicas, miedos racionales e irracionales, y esa mezcla de rabia y aceptación que conlleva cualquier diagnóstico limitante.
El resultado es una narración que consigue algo complicado: que el lector sienta en su propio cuerpo la progresiva invasión de las medusas. No hace falta que nos expliquen en detalle el diagnóstico clínico para comprender la angustia de ir viendo cómo el campo visual se llena de manchas que no desaparecen nunca.
Slice of life canadiense: retrato de una generación
Más allá del plano médico y emocional, “La Medusa” funciona también como un retrato muy reconocible de la vida urbana de la juventud canadiense actual. Odette vive sola, se ha emancipado hace relativamente poco, dejó la universidad y está aprendiendo a sostenerse económicamente en un trabajo de cara al público que, sin ser su pasión, le permite vivir con dignidad.
BOUM se inscribe aquí en una larga tradición de cómic canadiense de corte intimista, heredera de autores como Brian Lee O’Malley, Michel Rabagliati, Kate Beaton o Cathon. Igual que ellos, combina humor, observación cotidiana y pequeñas tragedias personales en una narración que parece sencilla, pero que va cargada de matices. Comentarios sobre manga, sobre música, sobre moda o sobre la precariedad laboral terminan componiendo un fresco generacional muy genuino.
El giro particular de “La Medusa” es que ese slice of life se ve atravesado por una enfermedad discapacitante que irrumpe justo en el momento de despegue vital. Cuando Odette empieza a encontrar su lugar en el mundo, cuando se enamora y se siente relativamente estable, su vista comienza a deteriorarse. Esto la obliga a reconfigurar su idea de independencia, a renegociar sus relaciones y a aceptar una cierta dependencia de quienes la rodean.
El contraste entre escenas de vida corriente (salir de fiesta, bromear con los amigos, hablar de series o de discos) y el avance de la enfermedad crea una tensión muy humana: la vida no se detiene porque estemos enfermos. Las cosas buenas y malas siguen ocurriendo a la vez, mezclándose sin pedir permiso, exactamente igual que en la realidad.
Además, BOUM introduce pequeños detalles autobiográficos que enriquecen el conjunto: su amor por el manga, su buen oído musical, su gusto por personajes con cuerpos reales, alejados de cánones imposibles. Todo eso se filtra en el cómic y lo convierte en algo más que una historia triste: es una celebración, a ratos amarga y a ratos luminosa, de todo lo que sigue pasando incluso cuando la salud falla.
El estilo gráfico de BOUM: blanco y negro con mucha personalidad
En el terreno visual, “La Medusa” destaca por un uso muy expresivo del blanco y negro con gamas de grises, un ejemplo de recursos estilísticos. No es un cómic sobrecargado de detalles hiperrealistas, sino una obra en la que la composición de página, la distribución de viñetas y la presencia de la medusa negra marcan el tono emocional de cada escena.
Las figuras humanas que dibuja BOUM se alejan de los cuerpos perfectos y estilizados que solemos ver en ciertos mangas o cómics comerciales. Los personajes tienen cuerpos verosímiles, con volumen, con ropa cotidiana, con expresiones faciales muy trabajadas. Esto refuerza la sensación de cercanía y de autenticidad, como si estuviéramos observando la vida de alguien a quien podríamos cruzarnos por la calle.
La medusa como mancha negra es el recurso más llamativo: empezamos viéndola como un detalle mínimo en una viñeta casi limpia y acabamos con páginas donde las manchas ocupan gran parte del espacio, cortan diálogos y tapan rostros. Es una forma sencilla y efectiva de mostrar la progresión de la enfermedad sin necesidad de cartelas explicativas.
En cuanto a influencias, se percibe una mezcla muy interesante de cómic independiente norteamericano, BD francesa y manga japonés. No es que BOUM copie estilos, sino que se nota que ha leído y asimilado muchas tradiciones gráficas distintas y las ha decantado en un lenguaje propio. La lectura es fluida, las transiciones entre escenas están muy bien resueltas y la narración visual se entiende perfectamente incluso si lees deprisa.
Este estilo tan personal se apoya, además, en una narrativa cargada de ironía suave y ternura. El humor no desaparece pese al tema duro que trata la obra; hay chistes, pequeños comentarios sarcásticos y situaciones cotidianas que alivian la tensión. Esa mezcla de crudeza y calidez es, probablemente, uno de los motivos por los que “La Medusa” está siendo tan celebrada.
Contexto de la autora y reconocimiento internacional
Antes de “La Medusa”, BOUM ya tenía una trayectoria sólida en el mundo del cómic. Obras como “Boumeries”, “La Petite révolution” o “Nausées matinales et autres petits bonheurs” mostraban una voz muy personal, capaz de combinar humor, observación de la vida diaria y emociones profundas sin caer en el melodrama fácil.
En “La Medusa” se percibe una especie de culminación de ese recorrido: toda su experiencia previa se concentra aquí en una historia de gran intensidad emocional, donde el dominio de los recursos visuales y narrativos es evidente. Se nota que no es su primer cómic, que llega con oficio y con una mirada muy clara sobre lo que quiere contar.
La recepción internacional ha sido excelente. La obra ha cosechado premios y menciones en distintos países, con presencia en listas de mejores novelas gráficas del año y reconocimientos dentro del ámbito de la medicina gráfica. Entre los galardones y selecciones destacan menciones relacionadas con premios tan conocidos como los Eisner, el Doug Wright Award o el Graphic Medicine Award, lo que sitúa a “La Medusa” en el mapa del cómic contemporáneo más relevante.
Esta combinación de calidad artística, temática potente y enfoque humano explica por qué tanta gente habla de ella como uno de los cómics del año. No es solo una buena historia sobre enfermedad y duelo; es, sobre todo, una obra que se queda rondando en la cabeza y el estómago mucho tiempo después de cerrar el libro.
Para quien le interese la edición en castellano, la ficha básica es clara: título “La Medusa”, guion y dibujo de BOUM, editorial La Cúpula, género Medicina Gráfica / Slice of Life, idioma español, ISBN 978-84-10264-49-6 y fecha de publicación en enero de 2026. Se puede encontrar tanto en la red de librerías de Todostuslibros.com como en librerías físicas habituales y en plataformas como Amazon.
Otras obras con medusas: ciencia ficción, duelo juvenil y bioterrorismo
El libro de BOUM no es el único que se apoya en el símbolo de la medusa. En el panorama editorial reciente proliferan títulos que recurren a esta criatura marina para hablar de temas muy diversos: desde futuros distópicos y robots enamorados hasta ensayos de divulgación científica sobre el envejecimiento.
Por ejemplo, la novela juvenil de ciencia ficción “Medusa” de Pepa Mayo propone un escenario siglos en el futuro, en el que la Tierra se ha convertido en un planeta glacial tras guerras y cambios climáticos extremos. El planeta está invadido por medusas gigantes y los humanos sobreviven en colonias subterráneas excavadas en las montañas.
El protagonista, Makena, es un joven de veinte años, técnico en biorrobótica y optogenética, que viaja desde un anillo orbital hasta la colonia Tacomic para trabajar en cerebros en 3D destinados a biobots. Allí se alista en la formación Delta Arrow, un grupo de ciudadanos que, junto con varios robots biológicos, sale al exterior para reforestar y vigilar el búnker Tao Tacomic, también llamado el arca de Noé.
Durante su primer día con Delta Arrow conoce a Nomura, un biobot base programado solo con sentidos primarios para la supervivencia y la protección de los humanos. Makena se siente atraído por él y comienza a preguntarse si un robot puede llegar a amar. Frustrado porque Nomura le responde con obediencia pero sin afecto, valora utilizar sus conocimientos para implantar el amor en su cerebro 3D, algo que lleva el debate sobre el transhumanismo y la ética de la manipulación emocional a un terreno muy concreto.
La novela combina medusas extraterrestres gigantes, cambio climático, biorrobots y romance, y reflexiona sobre si los seres artificiales pueden experimentar sentimientos auténticos. Con un estilo ligero y ágil, Pepa Mayo construye un mundo creíble para el público juvenil, con documentación científica notable (aunque con licencias narrativas lógicas) y una trama que gustará a quienes busquen aventuras, acción y una historia de amor poco convencional.
Medusas, duelo y adolescencia: “Lo que sucedió con la medusa”
Otro título muy significativo es “Lo que sucedió con la medusa” de Ali Benjamin, novela juvenil publicada por Maeva que aborda el duelo desde la mirada de una chica de trece años. Aquí la medusa no es una mancha en el ojo ni una criatura gigante que devasta la Tierra, sino el posible desencadenante de una tragedia.
La protagonista, Suzy, tiene que enfrentarse a la muerte de su mejor amiga, Franny. Tras el accidente, hace un voto de silencio y deja de hablar con nadie. El mundo adulto le dice que hay muertes que “simplemente pasan” y que nunca se sabrá exactamente qué ocurrió, pero Suzy no se conforma con esa respuesta vaga.
Durante una visita escolar a un acuario, Suzy descubre información sobre la medusa Irukandji, una especie diminuta, prácticamente invisible en el agua, pero extremadamente venenosa. A raíz de esta información desarrolla la teoría de que su amiga pudo morir por la picadura de una de estas medusas y empieza a investigar obsesivamente.
La novela intercala capítulos en presente con flashbacks en los que Suzy se dirige a Franny, recordando cómo su amistad se fue deteriorando con la adolescencia. Aunque de pequeñas eran inseparables, al crecer tomaron caminos distintos y la relación se quebró, lo que alimenta un sentimiento de culpa enorme en Suzy. Su proyecto escolar de ciencias, centrado precisamente en medusas, se convierte en un intento desesperado de encontrar una explicación científica que la libere de esa culpa.
Además del duelo, el libro destaca por su fuerte componente científico y ecológico. Está lleno de datos sobre animales, calentamiento global, extinciones masivas y las distintas fases de una investigación científica (la propia estructura del libro se articula en torno a apartados tipo “objetivos”, “métodos”, “resultados”, etc.). También presenta una familia diversa: padres separados, un hermano mayor gay que vive con su novio y una profesora de ciencias que anima a su alumnado a pensar críticamente.
Medusas en el thriller y en el ensayo científico
El imaginario de la medusa llega también al thriller de aventuras y al ensayo divulgativo. En “Medusa” de Clive Cussler y Paul Kemprecos, la criatura aparece ligada a experimentos biomédicos turbios y a una amenaza de bioterrorismo a escala mundial.
En esta novela de la saga NUMA, un equipo de investigación secreto desaparece en aguas de Micronesia mientras trabaja con una peligrosa medusa. Al mismo tiempo, en las Bermudas, un batiscafo en el que viaja Joe Zavala sufre un ataque submarino y es salvado in extremis por Kurt Austin. Ambos hilos se entrelazan cuando el equipo NUMA descubre que una organización criminal china planea utilizar ese organismo marino para desencadenar una pandemia.
Aquí la medusa deja de ser metáfora del dolor o del amor para convertirse en arma biológica, un agente perfecto para poner en jaque a la humanidad por su toxicidad y su capacidad de propagarse en el medio marino. El resultado es una aventura trepidante que explota el miedo contemporáneo a las pandemias y al mal uso de la biotecnología.
En el extremo opuesto se sitúa el ensayo “La medusa inmortal” de Nicklas Brendborg, un joven biomédico que examina los avances científicos en el campo del envejecimiento. Partiendo de la leyenda de la fuente de la juventud y de figuras históricas como Ponce de León, el autor repasa lo que sabe hoy la ciencia sobre por qué envejecemos, qué mecanismos celulares están implicados y qué podemos aprender de la naturaleza.
Entre los ejemplos más fascinantes están las medusas capaces de revertir su ciclo vital, volviendo a su estado de pólipo para rejuvenecer, o animales como el tiburón de Groenlandia, las tortugas o ciertas langostas, que presentan longevidades asombrosas y formas de envejecer muy diferentes a las humanas. El libro se organiza en tres partes: “Las maravillas de la naturaleza”, “Los descubrimientos de los científicos” y “Buenos consejos”.
En la primera aborda criaturas longevas y casos extremos de ciclos vitales curiosos (desde pulpos que mueren tras cuidar los huevos hasta pequeños marsupiales que literalmente se agotan de tanto aparearse). En la segunda se centra en relojes biológicos, células madre, autofagia, células “zombi” que se niegan a morir y otras líneas de investigación clave para entender el envejecimiento. La tercera parte aterriza todo esto en recomendaciones prácticas sobre estilo de vida, ejercicio y alimentación, siempre con la cautela de no convertir la ciencia en una receta milagrosa.
Brendborg escribe con un tono cercano, sin tecnicismos excesivos, e invita al lector a reflexionar sobre las expectativas de longevidad y las implicaciones éticas de intentar alargar la vida a toda costa. La medusa inmortal se convierte así en un símbolo de lo que la biología puede llegar a inspirar en la medicina del futuro.
Relecturas feministas del mito: la Medusa de Jessie Burton
Para completar el panorama, conviene mencionar la novela ilustrada “Medusa. La chica detrás del mito” de Jessie Burton, con ilustraciones de Olivia Lomenech Gill. Aquí no estamos ante medusas marinas, sino ante la figura mitológica de Medusa, la gorgona cuyo poder para petrificar con la mirada ha sido reinterpretado como metáfora del castigo a las mujeres que se niegan a ser víctimas silenciosas.
Burton parte del exilio de Medusa en una isla lejana, donde vive con sus hermanas Esteno y Euríale, acompañada solo por las serpientes que conforman su cabello. Todo cambia con la llegada de Perseo, un joven bello y carismático que, en la versión clásica, está destinado a matarla. En esta revisión, ambos se conocen y empiezan a compartir miedos, traumas y deseos sin mirarse directamente, lo que permite humanizar a la supuesta monstruo.
La novela ahonda en la historia previa de Medusa: cómo fue acosada y violada por Poseidón, traicionada por Atenea y castigada injustamente, cargando sobre sus hombros la culpa de un crimen que no cometió. A través de capítulos muy introspectivos, Medusa va entendiendo que lo que le ocurrió no fue culpa suya y comienza un proceso de autoconocimiento y reconstrucción de la propia autoestima.
En este contexto, la frase “Debes tener cuidado de quién cuenta tu historia” resume bien el enfoque del libro. Burton reivindica el derecho de Medusa a narrarse a sí misma, a apropiarse de su propia leyenda y a dejar de ser solo el monstruo a derrotar por un héroe masculino. Las ilustraciones, a todo color, refuerzan esta visión, mostrando escenas de vulnerabilidad, acoso y empoderamiento con gran fuerza visual.
Aunque se trata de una obra de fantasía mitológica, el subtexto es muy actual: habla de trauma, de violencia de género, de consentimiento y de la búsqueda de una fuerza interior que permita seguir adelante sin repetir los mismos patrones de daño. Es, en definitiva, otro ejemplo de cómo el imaginario de la medusa -en este caso como figura mitológica- se ha convertido en un espacio de relectura crítica y de reivindicación.
Vistas en conjunto, todas estas obras muestran hasta qué punto la medusa se ha consolidado como un símbolo literario y cultural multifacético. En “La Medusa” de BOUM es la mancha que oscurece la mirada y encarna el duelo, en la ciencia ficción juvenil de Pepa Mayo es una amenaza extraterrestre en un planeta helado, en Ali Benjamin es la posible causa de una muerte injusta que una niña intenta comprender, en Cussler es el núcleo de un complot de bioterrorismo, en Brendborg la pista para desentrañar los misterios de la longevidad y en Jessie Burton la máscara deformante de una mujer injustamente convertida en monstruo. Difícil encontrar un animal más versátil para hablar de todo aquello que nos asusta, nos duele y, al mismo tiempo, nos fascina.