- El escritor, dramaturgo y fotógrafo húngaro falleció a los 83 años en su domicilio de Gombosszeg.
- Obras como 'Libro del recuerdo' e 'Historias paralelas' lo convirtieron en un referente de la literatura europea.
- Nádas fue un eterno candidato al Nobel, aunque nunca lo llegó a ganar.
- Víctima de la persecución nazi y la censura comunista, construyó una obra donde la memoria y el cuerpo son protagonistas.

El universo literario europeo está de luto. El narrador, dramaturgo y fotógrafo húngaro Péter Nadas falleció este miércoles a los 83 años en su residencia de Gombosszeg, un pequeño municipio al oeste de Hungría. Así lo ha confirmado su familia a través de la página oficial del autor, y también ha sido ratificado por su agente literaria, Anett Orosz. Con su marcha se apaga una de las voces más potentes de las letras del continente, una figura que durante años ha estado en todas las quinielas del Premio Nobel de Literatura aunque nunca llegó a recibir el galardón.
Quienes han seguido su trayectoria recuerdan que Nadas se convirtió en un símbolo de la literatura profunda y psicológica, con obras como ‘Libro del recuerdo’ o ‘Historias paralelas’ que han marcado a varias generaciones de lectores. De hecho, la filósofa y escritora Susan Sontag llegó a afirmar que ‘Libro del recuerdo’ era la mejor novela escrita en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, un cumplido que el propio autor llevaba con una mezcla de orgullo y humildad. Nádas pertenece a esa estirpe de escritores capaces de retratar el alma humana en toda su complejidad, con una atención casi quirúrgica al lenguaje y a las emociones más escondidas.
Una vida marcada por la guerra y el exilio

Péter Nadas nació en Budapest en 1942, en el seno de una familia judía. El estallido de la guerra y la persecución del régimen pronazi húngaro empujaron a su madre y a él a refugiarse en la región de Voivodina, en la actual Serbia. Regresó a la capital húngara al terminar el conflicto, pero su adolescencia no fue nada fácil: con solo 16 años quedó huérfano, ya que su madre falleció de cáncer y su padre, roto de dolor, terminó suicidándose. Esa pérdida temprana determinó para siempre su mirada y le hizo construir, quizá sin buscarlo, una escritura donde la pérdida y la persistencia de la memoria son los grandes ejes.
Por esas fechas, el joven Nadas ya había comenzado a estudiar Química, pero no tardó en abandonar esos estudios para dedicarse a la fotografía y la filosofía. Su etapa de fotoperiodista en una revista femenina, que desarrolló durante los años sesenta, le dio una manera de ver el mundo que luego se trasladaría a sus palabras. Aunque antes de lanzarse por completo a la escritura, ya había publicado en 1967 su primer relato, ‘La Biblia’, y en los años siguientes fue construyendo una obra cada vez más ambiciosa. Su extensa novela sobre una familia de orígenes judíos, terminada a finales de la década de 1970, no pudo ver la luz en Hungría hasta 1977 debido a la censura del régimen comunista, un obstáculo que sin duda le marcó.
La monumentalidad de un clásico

Fue en 1986 cuando Nadas alcanzó el gran reconocimiento con la publicación de ‘Libro del recuerdo’. Con una estructura deslumbrante y una prosa exacta, la novela narra las vidas de un escritor que reflexiona sobre el amor, la amistad y la pérdida, y está atravesada por los grandes acontecimientos europeos del siglo XX. El elogio de Susan Sontag la convirtió en una lectura imprescindible, y con el tiempo se ha considerado una de las cumbres de la narrativa de su generación. Pese a su tamaño, la novela tiene una atmósfera que atrapa desde las primeras páginas, gracias a la destreza de su autor para mostrar los gestos más mínimos y las emociones en toda su cadera.
Sin embargo, su reto máximo fue ‘Historias paralelas’, un libro que le robó casi veinte o treinta años de trabajo (las fuentes no se ponen de acuerdo en el tiempo), pero que él describía como “un mundo en caos”. La obra, un extenso conjunto de relatos interconectados, se cruza durante el Holocausto, la dictadura comunista y la caída del muro de Berlín, con una sexualidad tan explícita que a veces resulta incómoda, pero que él defendía como parte de la verdad de los personajes. El resultado, publicado en 2005, fue una obra que nadie dejó indiferente y que terminó de asentar a su autor como una fuerza de la naturaleza literaria.
Fotografía y premios, la otra cara de un genio

El autor no era solo un hombre de la palabra escrita, sino que también supo mirar a través de un objetivo. Antes de consagrarse por completo a los libros, trabajó como fotógrafo y nunca abandonó esa disciplina; su obra en ese campo quedó recogida en diferentes volúmenes y exposiciones, y existe una conexión clara entre la precisión de sus imágenes y el encuadre de su prosa. Esta habilidad lo hizo ganar un ojo uncial a la hora de retratar los detalles, y muchas veces dijo que la fotografía era su primera forma de aproximación al mundo.
Por su trabajo literario recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera: en 1991 el Premio de Literatura de la República de Austria, en 1998 el Premio al Mejor Libro Extranjero de Francia y en 2003 el Premio Franz Kafka de la República Checa. Además, en 2006 se convirtió en miembro de la Academia de las Artes de Berlín, un espaldarazo de su lugar en la cultura centroeuropea y su influencia fuera de sus fronteras.
El peso del cuerpo y la última estancia

No todo fue triunfo literario y reconocimiento público. Nadas también se enfrentó a la fragilidad de su propio cuerpo, cuando sufrió un infarto que estuvo a punto de costarle la vida. De esa experiencia tan límite salió un libro publicado más tarde, titulado ‘La propia muerte’ o ‘Muerte propia’, donde describió sus sensaciones al borde del abismo. Según confesó en una entrevista posterior, llegó a estar clínicamente muerto durante unos momentos y dijo que había sentido una tranquilidad desconocida, una sensación tan pacífica que le costaba expresar con palabras.
También se le pudo escuchar, en el ámbito social, bastante crítico con la deriva de su país. Ya en los últimos años solía hablar de que Hungría se ha convertido en un “autocracia”, y no le tembló la pluma para denunciar ciertos excesos y una política que, como una mala novela, se volvió gris para la libertad. Su fórmula era simple: la literatura tiene que ser un asunto personal, no comunitario ni nacional, pero si nadie la cultiva, la población termina por perder la capacidad de entenderse a sí misma.
Con la desaparición de Nadas se cierra un capítulo entero en la historia del espíritu de la literatura continental. Su obra, con toda su densidad y su desasosiego, deja abierto el campo para releer los grandes acontecimientos del siglo XX de otra forma. La familia, la memoria, la fotografía y la palabra eran, para él, distintas versiones de la misma pregunta: cómo se guarda lo que se va. Y ese hilo, como una buena novela, ha quedado ahora en manos de los lectores.