Las mejores adaptaciones de Cumbres borrascosas para ver antes (o después) de Emerald Fennell

Última actualización: 15 febrero, 2026
  • La novela de Emily Brontë ha inspirado decenas de versiones en cine y televisión desde 1920.
  • Las adaptaciones más influyentes y mejor valoradas se reparten entre Hollywood, Europa y América Latina.
  • Wyler (1939), Buñuel (1953/54), Kosminsky (1992), Arnold (2011) y Rivette (1985) marcan cinco maneras muy distintas de leer el clásico.
  • La nueva película de Emerald Fennell (2026), con Margot Robbie y Jacob Elordi, divide a la crítica pero reaviva el interés por el original.

Adaptaciones de Cumbres Borrascosas

Pocas novelas decimonónicas han tenido una vida tan larga en la gran pantalla como Cumbres borrascosas. Desde el cine mudo hasta las propuestas más radicales del siglo XXI, la historia de Heathcliff y Catherine se ha reencarnado una y otra vez en películas, series y revisiones más o menos fieles al original.

Con el estreno en cines de la nueva versión dirigida por Emerald Fennell, protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, el debate sobre cuáles son las mejores adaptaciones de Cumbres borrascosas vuelve con fuerza. A partir de décadas de críticas, rankings y revisiones, repasamos las versiones más influyentes y mejor consideradas, con especial atención a las que se pueden ver en España y Europa.

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Un clásico incómodo que el cine no deja en paz

Cuando Emily Brontë publicó la novela en 1847, firmando con seudónimo, el libro fue visto como una rareza excesiva, incluso escandalosa. El amor entre Heathcliff y Catherine, atravesado por los celos, la humillación, la violencia y los matrimonios de conveniencia con los Linton, parecía demasiado feroz para una Inglaterra victoriana aún muy puritana.

Lejos de apagarse, esa intensidad extrema, casi enfermiza, ha convertido la obra en material perfecto para el cine. Directores de medio mundo han reconocido en sus páginas un filón para explorar el amor tóxico, la rabia de clase y los fantasmas del pasado, desde el melodrama clásico de Hollywood hasta los experimentos de autor europeos y las relecturas contemporáneas.

Mejores versiones de Cumbres Borrascosas

‘Cumbres borrascosas’ (1939): el canon de William Wyler

Para buena parte de la crítica y el público, la versión de William Wyler es todavía la adaptación canónica. Rodada en plena Edad de Oro de Hollywood, en el mismo año en que llegaron a las salas Lo que el viento se llevó, La diligencia o El mago de Oz, esta película convirtió la novela de Brontë en un melodrama romántico de gran espectáculo.

Protagonizada por Merle Oberon, Laurence Olivier y David Niven, la cinta recibió ocho nominaciones al Oscar y ganó la estatuilla a la mejor fotografía en blanco y negro. La labor de Gregg Toland, que más tarde deslumbraría en Ciudadano Kane, aporta claroscuros, atmósfera gótica y una puesta en escena de enorme fuerza visual.

Wyler suaviza buena parte de la crueldad del libro y se centra en la primera generación de personajes, pero logra un equilibrio muy eficaz entre romanticismo trágico y drama psicológico. Para muchos espectadores, esos rostros —Oberon y Olivier atormentados en los páramos— son, todavía hoy, la imagen definitiva de Cathy y Heathcliff.

En España y otros países europeos, la película se puede ver en plataformas como Filmin, donde sigue siendo una puerta de entrada muy accesible al universo Brontë, aunque desde una lectura más romántica que feroz del material original.

Cumbres Borrascosas de William Wyler

‘Abismos de pasión’ (1953/1954): Luis Buñuel incendia la novela

Diez años después de Wyler, Luis Buñuel llevó la historia de Emily Brontë a México y la rebautizó como Abismos de pasión. Lejos de limitarse a ilustrar la novela, el director aragonés utilizó el texto como materia inflamable para su propio universo: un mundo de pasiones desbordadas, símbolos religiosos retorcidos y personajes que bordean la crueldad.

En esta versión, la mansión de Cumbres Borrascosas se transforma en la finca El Robledo, y los nombres se adaptan al castellano: Heathcliff pasa a ser Alejandro, Catherine se convierte en Catalina. Protagonizada por Jorge Mistral e Irasema Dilián, la película mezcla el melodrama mexicano más exuberante con la oscuridad del original, sin miedo a rozar la parodia en algunos momentos.

Buñuel llegó a afirmar que su película reflejaba mejor el espíritu del libro que la versión hollywoodiense, precisamente porque no endulza a sus protagonistas: él es brusco, violento y rencoroso; ella, caprichosa y egoísta. Esa dureza, que a veces incomoda, acerca más su adaptación al retrato despiadado que hizo Brontë.

Aunque no siempre figura en las listas populares, Abismos de pasión se ha ido revalorizando con el tiempo como una de las lecturas más audaces del clásico. En España puede verse en Filmin, donde destaca tanto por su fotografía en blanco y negro como por la manera en que injerta el drama británico en un paisaje rural mexicano cargado de fatalismo.

Abismos de pasión de Luis Buñuel

Europa se apropia del mito: Rivette (1985) y Yoshida (1988)

La fortaleza del libro de Brontë está también en su capacidad para desprenderse del decorado inglés y sobrevivir en otros paisajes. Dos ejemplos muy distintos son la versión francesa de Jacques Rivette (1985) y la lectura japonesa de Yoshishige Yoshida (1988), ambas consideradas entre las adaptaciones más interesantes para cinéfilos.

Rivette, figura clave de la nouvelle vague, traslada la acción a la Alta Provenza de los años treinta, cambiando páramos por campos de lavanda y a los Earnshaw por los Sévenier. Su Heathcliff, renombrado Roch y encarnado por Lucas Belvaux, es uno de los grandes hallazgos de la película, que recorta tramas del libro para concentrarse en la intensidad emocional de los protagonistas.

Lejos del tono tormentoso de otras versiones, Rivette opta por una puesta en escena pausada, contenida, donde el amor se filtra como la única grieta de luz en una existencia marcada por la apatía. Muchos seguidores del director consideran esta lectura sobria, casi minimalista, como su adaptación preferida, aunque la cinta siga siendo difícil de encontrar y en España no esté disponible actualmente en plataformas.

En paralelo, el japonés Yoshishige Yoshida llevó la historia a su país en 1988, compitiendo incluso por la Palma de Oro en Cannes. Su gran mérito consiste en fusionar la novela británica con la tradición de los cuentos de fantasmas japoneses, hasta el punto de que un espectador que no conozca el libro podría no distinguir dónde empieza Brontë y dónde comienza la aportación del director.

Esta versión, también inédita en el circuito comercial español, se cita a menudo en los círculos especializados como ejemplo de cómo un clásico puede absorber códigos de otros cines sin perder su esencia: la obsesión amorosa, la culpa y la presencia constante de los muertos conviven con una sensibilidad muy marcada por el cine japonés de autor.

Versiones europeas y asiáticas de Cumbres Borrascosas

‘Cumbres borrascosas’ (1992): la fidelidad según Peter Kosminsky

Estrenada hace más de treinta años, la película de Peter Kosminsky sigue apareciendo una y otra vez en las listas de adaptaciones más fieles al texto de Emily Brontë. Frente a otras versiones que se quedan en el romance inicial, esta producción británica se atreve a incluir a la segunda generación, mostrando las consecuencias del vínculo entre Catherine y Heathcliff en los hijos y herederos.

Con Ralph Fiennes y Juliette Binoche al frente del reparto, la cinta apuesta por una estética clásica de drama de época, pero sin perder de vista el carácter áspero del original. Las críticas han señalado ciertos problemas de ritmo irregular y tono a ratos demasiado solemne, pero coinciden en valorar su esfuerzo por recuperar la complejidad de la novela.

El Heathcliff de Fiennes, además, se ha convertido en un punto de referencia: ya no es solo un amante romántico, sino una figura marcada por el resentimiento de clase, la humillación y el deseo de venganza. Esta interpretación fue tan decisiva que Steven Spielberg, después de ver la película, llamó al actor para ofrecerle el papel de Amon Goeth en La lista de Schindler.

En España, la versión de 1992 ha ido cambiando de casa digital con el tiempo: se ha podido ver en Movistar Plus+, SkyShowtime o en alquiler digital, y sigue siendo una de las opciones más recomendables para quien quiera acercarse al libro sin perder demasiados matices.

Adaptación de 1992 de Cumbres Borrascosas

‘Cumbres borrascosas’ (2011): Andrea Arnold y la herida a ras de piel

Ya en el siglo XXI, la británica Andrea Arnold firmó una de las adaptaciones más radicales y sensoriales de la novela. Su película de 2011 prescinde de buena parte del envoltorio académico y se centra en el dolor físico y emocional que atraviesa a los personajes, con una puesta en escena áspera, cámara en mano y una atención constante al barro, al viento y a los cuerpos.

El camino hasta ese resultado fue accidentado. Antes de Arnold, el proyecto había pasado por varias manos y por una larga lista de posibles protagonistas: Natalie Portman, Abbie Cornish, Gemma Arterton, Michael Fassbender o Ed Westwick son algunos de los nombres que se barajaron. Finalmente, la directora eligió a Kaya Scodelario, mucho más cercana en edad a la Cathy del libro que otras actrices anteriores, y apostó por intérpretes poco conocidos.

Para encontrar a su Heathcliff, Arnold insistió en respetar la descripción original de Brontë como un “gitano de piel oscura”. Primero buscó candidatos dentro de la comunidad gitana británica y, más tarde, amplió el casting a actores de raza mixta, hasta decidirse por James Howson, el primer actor negro en encarnar al personaje en una gran producción.

La película, presentada en el Festival de Venecia con críticas positivas, se centra sobre todo en la infancia y adolescencia de la pareja, y rehúye el romanticismo edulcorado. Aquí el amor se vive como una fuerza dañina, casi animal, que no se separa del maltrato ni de la violencia cotidiana. No es la versión más cómoda ni la más accesible, pero sí una de las que mejor conectan con la parte más cruda del original.

A día de hoy, esta adaptación no siempre está disponible en el catálogo español de las grandes plataformas, pero sigue circulando en festivales, ciclos de autor y ediciones físicas, y se cita a menudo como referencia clave para entender las lecturas modernas de Cumbres borrascosas.

Otras miradas destacadas: del cine mudo a la televisión británica

Más allá de las versiones más famosas, el recorrido de la novela por la pantalla es largo y diverso. Ya en 1920, el director británico A.V. Bramble realizó la primera adaptación cinematográfica, una cinta muda cuyo metraje original se considera hoy perdido. Se rodó en Haworth, el pueblo donde nació Emily Brontë, e incluía también la historia de la segunda generación, algo que muchas películas posteriores han pasado por alto.

En 1970, una coproducción británica llevó a Timothy Dalton —años antes de ser James Bond— a interpretar a Heathcliff junto a Anna Calder-Marshall como Cathy. Se la recuerda como una de las versiones más fieles en cuanto a la intensidad emocional, aunque se centra principalmente en la primera mitad del libro y deja fuera parte del argumento.

Fuera de la gran pantalla, la miniserie de la BBC de 2009, con Tom Hardy y Charlotte Riley, se ha ganado un hueco entre las favoritas de los lectores más exigentes. El formato seriado le permite respirar más: hay tiempo para desarrollar a los personajes, no solo para encadenar escenas icónicas, y para mostrar con cierta calma cómo la violencia se hereda de una generación a otra.

El listado de adaptaciones internacionales es, en realidad, mucho más amplio. Desde versiones indias de Bollywood hasta reinterpretaciones filipinas, brasileñas o venezolanas, el relato de Brontë ha ido viajando por cinematecas de todo el mundo. Esa diversidad confirma que la mezcla de amor obsesivo, resentimiento social y atmósfera gótica sigue resultando reconocible en contextos muy distintos.

Emerald Fennell (2026): una reinvención tan vistosa como polémica

La última en sumarse a esta larga lista es la película de Emerald Fennell, que llega a los cines con la vitola de “reinventar” Cumbres borrascosas para un nuevo público. Tras Una joven prometedora y Saltburn, la directora británica propone una versión deliberadamente extrema en lo visual, con una puesta en escena cargada de excesos barrocos y guiños pop.

Encabezado por Margot Robbie y Jacob Elordi, el reparto da vida a una Catherine y un Heathcliff que se conocen en la infancia y se destruyen en la edad adulta en un entorno casi de pesadilla, lleno de elementos escenográficos que rozan el delirio: paredes del color de la piel de la protagonista, chimeneas hechas de manos humanas o una casa de muñecas que reproduce al detalle la Granja de los Tordos.

Las primeras críticas apuntan a una película tan divisiva como llamativa. Por un lado, se aplauden la fotografía y la libertad creativa con la que Fennell retuerce el material, incorporando elementos subidos de tono y actualizando ciertos códigos visuales hacia un imaginario cercano a las redes sociales. Por otro, se le reprocha alejarse del corazón más turbio y contemporáneo del libro: la reflexión sobre el amor romántico como fuerza destructiva y sobre la violencia de clase que atraviesa a los personajes.

Frente a adaptaciones que intentan mantener un equilibrio entre respeto y reinterpretación, esta versión se sitúa sin complejos en el extremo más libre. Para algunos espectadores es una traición vistosa pero hueca; para otros, un experimento estimulante que, aun con sus excesos, sirve para volver a poner a Brontë en el centro de la conversación cultural.

Lo que parece indiscutible es que la película de Fennell funciona como disparadero de curiosidad: ante una propuesta tan radical, es fácil que más de uno acabe buscando las versiones clásicas —y el propio libro— para comparar enfoques y matices.

¿Cuál es la “mejor” Cumbres borrascosas?

Entre listados, puntuaciones en IMDb y rankings de crítica, abundan los intentos de ordenar las adaptaciones de Cumbres borrascosas de peor a mejor. Suele repetirse una idea: la versión de 1939 se mantiene en lo alto, seguida de la de Andrea Arnold, las lecturas de Buñuel y Kosminsky y algunas rarezas como la cinta muda de 1920 o la adaptación de 1970.

Sin embargo, reducir casi dos siglos de relecturas a un simple listado deja fuera algo importante: cada adaptación ilumina un “monstruo” distinto del original. Unas se quedan con el amor imposible, otras con la violencia, otras con la herida de clase o con los elementos fantasmagóricos. Y, de paso, todas traicionan algo del libro, porque ninguna puede abarcarlo entero sin sacrificar ritmo o legibilidad.

Para quien se acerque por primera vez al universo de Brontë desde España o Europa, un recorrido razonable podría empezar por el clásico de Wyler (disponible en Filmin), seguir con Abismos de pasión para comprobar cómo se transforma en México, sumar después la versión de 1992 para ver el intento de fidelidad total y, si el cuerpo aguanta, buscar la cinta de Andrea Arnold para reencontrarse con la cara más amarga del relato.

Al final, más que coronar una adaptación definitiva, lo interesante es comprobar cómo cada época y cada cineasta se ha peleado con el mismo material inflamable. Desde el blanco y negro elegante de Hollywood hasta los experimentos contemporáneos que rozan el videoclip, todas estas versiones hablan, en realidad, menos de Emily Brontë que de nosotros mismos y de la manera en que seguimos leyendo —y discutiendo— su novela casi dos siglos después.