- La facturación final rozó los 10 millones de euros, con un ligero descenso en ventas respecto al año anterior.
- La visita del papa León XIV y las inclemencias meteorológicas condicionaron la afluencia de público en días clave.
- El certamen apostó por la sostenibilidad energética y el humor como eje central de su programación cultural.
- La organización ya mira hacia 2027 con una temática dedicada a la memoria y diversos centenarios literarios.
La 85ª edición de la Feria del Libro de Madrid ha cerrado sus puertas en el icónico Parque del Retiro tras diecisiete jornadas de intensa actividad literaria. Aunque el ambiente ha sido, como de costumbre, vibrante entre los árboles y las casetas, el balance final arroja unos resultados económicos algo más moderados que en el ejercicio anterior. Los profesionales del sector han tenido que lidiar con factores externos que han puesto a prueba la capacidad de atracción de este gran escaparate de las letras españolas.
A pesar de que el flujo de visitantes fue constante, la coincidencia con eventos multitudinarios y las variaciones climáticas marcaron el ritmo de las transacciones. No obstante, el evento ha logrado sostener su relevancia como punto de encuentro primordial entre autores, editores y una comunidad de lectores que, pese a las dificultades de acceso, no faltó a su cita anual en el centro de la capital, siguiendo la guía esencial de la Feria del Libro de Madrid.
Balance de ventas y participación de lectores

Las cifras definitivas sitúan la recaudación de esta edición en torno a los 9,86 millones de euros, lo que supone un descenso cercano al 2,7% en comparación con los registros de 2025. En total, se despacharon 587.014 ejemplares, una cantidad que, aunque ligeramente inferior a la del año pasado, confirma la solidez de la feria. El sistema de medición registró más de 730.000 visitantes únicos, aunque se estima que la afluencia real podría haber superado las 820.000 personas al incluir a los menores que no portan dispositivos móviles.
Esta tendencia a la baja también se dejó sentir en espacios específicos como las casetas universitarias, donde la actividad comercial se mantuvo en niveles razonables pero con una cierta moderación en los ingresos. Aun así, la visibilidad de los catálogos académicos y los encuentros entre investigadores y público general permitieron cumplir con los objetivos de transferencia de conocimiento y presencia institucional que se buscaban para este año, alineados con la guía de firmas de autores en la Feria del Libro de Madrid.
Factores que condicionaron la afluencia en El Retiro
Uno de los elementos más determinantes para el balance final fue la coincidencia del certamen con la visita del papa León XIV a Madrid. Las restricciones de tráfico y las recomendaciones oficiales de evitar el centro de la ciudad durante esos días hicieron mella en el volumen de público que habitualmente se desplaza al parque. A este panorama se sumaron varios conciertos de gran formato que dispersaron la atención y la movilidad de los madrileños durante los fines de semana centrales.
La climatología tampoco dio tregua, alternando jornadas de calor extremo con episodios de tormentas que obligaron a modificar los planes de muchos asistentes. De hecho, la jornada de clausura tuvo que adelantarse tres horas debido a una alerta meteorológica naranja emitida por la Aemet. Este cierre prematuro frustró las expectativas de una remontada final en las ventas, ya que el último domingo suele ser uno de los momentos de mayor actividad comercial en las casetas.
Compromiso con el medio ambiente y el humor
Más allá de las cifras, esta edición destacó por sus avances en materia de sostenibilidad. Gracias al uso de paneles fotovoltaicos y combustibles renovables, se logró reducir significativamente la huella de carbono del evento. Se estima que el 80% de los libros fueron distribuidos mediante vehículos limpios, lo que evitó la emisión de más de cinco toneladas de CO2 a la atmósfera, consolidando al certamen como un referente en la gestión responsable de grandes citas culturales.
En cuanto a la temática, el humor fue el hilo conductor de las actividades, contando con la participación de figuras como Joaquín Reyes o Eva Hache. Las charlas sobre el ingenio y los códigos generacionales sirvieron para conectar con nuevos públicos a través de la risa, confirmando que la lectura y la risa se citan en la Feria del Libro de Madrid. Además, la feria reforzó su accesibilidad universal al recibir sellos que acreditan sus mejoras para personas con discapacidad, asegurando que el contenido cultural sea aprovechable para todos los ciudadanos por igual.
De cara al próximo año, la organización ya ha anunciado que la 86ª edición se centrará en el concepto de las memorias. Esta futura cita coincidirá con aniversarios de gran peso histórico, como el centenario de la Generación del 27 y los sesenta años de la feria en su ubicación actual. Con este enfoque, se espera recuperar el impulso de crecimiento y seguir profundizando en el papel de las librerías como espacios de transmisión y diálogo social. El paso de esta edición por el calendario madrileño deja una sensación de resiliencia, demostrando que, pese a los datos ligeramente inferiores en recaudación, el certamen sigue siendo el corazón cultural de la capital y el lugar donde las historias encuentran a sus lectores.