- Juan Gómez-Jurado pasa tres horas en la Feria del Libro de Vallecas y solo atiende a seis lectores en su caseta.
- El escritor aprovecha la experiencia para lanzar un mensaje de ánimo y realismo a autores noveles.
- Su reflexión, compartida en redes, se hace viral y genera cientos de miles de visualizaciones y reacciones del sector.
- La Feria del Libro de Vallecas celebra su décima edición con más de 600 autores y un homenaje a Carmen Laforet y Mary Shelley.
La primavera vuelve a traer ferias del libro, firmas y encuentros entre autores y lectores a muchos barrios y ciudades, y Vallecas no ha sido una excepción. En pleno calendario de eventos literarios, la Feria del Libro de Puente de Vallecas se ha convertido estos días en escenario de una escena tan cotidiana como poco contada del mundo editorial.
El escritor madrileño Juan Gómez-Jurado, uno de los autores más leídos en España, ha utilizado precisamente su paso por esta feria para poner el foco en algo que rara vez trasciende: las jornadas casi vacías en las casetas, incluso para quienes acumulan cifras millonarias de ventas y largas giras promocionales.
Una caseta casi vacía: tres horas y solo seis lectores

Durante una jornada marcada por el frío, la lluvia y una afluencia muy discreta, Gómez-Jurado permaneció cerca de tres horas al frente de su caseta en la Feria del Libro de Vallecas y solo firmó ejemplares a seis personas. Lejos de esconder la anécdota, decidió contarla abiertamente en sus redes sociales, acompañando su reflexión de una fotografía de la caseta prácticamente vacía.
En su mensaje, el novelista resumió la situación con una frase que ha dado la vuelta a las plataformas digitales: «Tres horas. Seis personas. Caseta de la Feria del Libro de Vallecas. Y esto es lo normal». Con esas palabras, el autor de la saga «Reina Roja» cuestionaba, de manera directa, la idea de que el éxito editorial garantiza colas interminables en cada firma.
El propio Gómez-Jurado apuntó a factores externos como el tiempo o la fecha para explicar la baja afluencia de lectores. La lluvia y el ambiente desapacible, reconoció, probablemente disuadieron a muchos vecinos y visitantes de acercarse al Bulevar de Peña Gorbea, donde se celebra la feria.
Más allá de la anécdota, el escritor subrayó que no se trata de una excepción, sino de una realidad recurrente incluso en carreras muy consolidadas. Según explicó, estas tardes casi desiertas forman parte del oficio tanto como las presentaciones multitudinarias o los eventos centrales en grandes ferias.
Un mensaje directo a quienes escriben “en silencio”
Lejos de adoptar un tono de queja, Gómez-Jurado transformó la experiencia en un mensaje de ánimo y realismo para los autores que empiezan. En su publicación, se dirigió explícitamente a quienes todavía no han vivido una firma en una caseta y sueñan con ese momento como símbolo de haber “llegado” al mundo literario.
«Si estás empezando, escúchame: no te sientas mal cuando te pase. Y te va a pasar», escribió el autor, avisando de que no todas las jornadas de firma serán brillantes ni estarán acompañadas de colas. En su reflexión, enumeró además situaciones habituales: días en los que lloverá, hará demasiado calor, o simplemente “no será el día” y la calle permanecerá medio vacía.
Con un tono cercano, el novelista describió esa imagen reconocible para muchos profesionales del libro: horas sentado en la caseta mirando a una calle casi desierta, manteniendo la sonrisa “por si aparece alguien”. Para él, no es un síntoma de fracaso, sino algo que continúa ocurriendo incluso en la fase de máximo reconocimiento.
«A mí me sigue pasando. Y mejor que me siga pasando, porque el día que deje de pasarme será que se me ha olvidado de dónde vengo», añadió, reivindicando la importancia de recordar los inicios y conservar la perspectiva, pese al éxito comercial y la visibilidad mediática que ha alcanzado con títulos como «Reina Roja» o su nueva novela, «Mentira».
La perseverancia como única hoja de ruta
Una de las partes más comentadas de su mensaje fue la dirigida a quienes escriben “en silencio”, sin contrato ni caseta propia, y que sueñan con ver sus libros en una feria. A ellos les aseguró que ese momento llegará, aunque quizá no se parezca a la imagen idealizada que muchos tienen en mente.
Gómez-Jurado insistió en que incluso cuando ese objetivo se cumple, no todo se traduce en colas ni en ventas elevadas. “Algún día también estará vacía”, advirtió sobre esa primera caseta, subrayando que las jornadas con poco movimiento son casi inevitables en cualquier trayectoria literaria.
Ante esa realidad, su recomendación fue clara: volver a casa, abrir el documento y seguir escribiendo la siguiente página. Es, a su juicio, lo único verdaderamente relevante para sostener una carrera en el tiempo, por encima de los números puntuales de una tarde concreta o de la repercusión inmediata en una firma.
El autor quiso tener también un gesto de gratitud hacia quienes sí se acercaron pese al mal tiempo. «A las seis personas que hoy se mojaron conmigo: gracias», escribió, destacando el valor de cada lector que decide dedicar su tiempo a visitar la caseta, incluso cuando las cifras globales no sean espectaculares.
Viralidad en redes y eco en el sector del libro
La reflexión de Juan Gómez-Jurado se propagó rápidamente en redes sociales como X e Instagram, donde el escritor cuenta con una comunidad muy numerosa. En cuestión de horas, el mensaje acumuló cientos de miles de visualizaciones —superando las 300.000 solo en X en uno de los recuentos—, así como miles de interacciones y comentarios.
Entre las respuestas destacaron editoriales independientes, periodistas culturales y otros autores, muchos de ellos compartiendo anécdotas similares. Desde la Editorial Deméter agradecieron que se visibilizara una situación que para los sellos pequeños es casi rutina: ferias bajo la lluvia, presentaciones con sillas vacías y jornadas en las que, tras recoger, solo queda volver al día siguiente y seguir trabajando.
También se sumaron voces del mundo del periodismo y de las librerías. Una periodista que había trabajado como librera en la Feria del Libro de Sevilla recordó cómo a la mitad de los autores que pasaban por su caseta no se les acercaba nadie, y cómo aprovechaba esos ratos para hablar con ellos con calma, conocer sus motivaciones y descubrir obras que, pese a la falta de público, consideraba de gran calidad.
Otros escritores relataron experiencias recientes con desajustes llamativos entre asistencia y ventas: presentaciones con decenas de personas en la sala y apenas uno o dos ejemplares vendidos, o días de “cero libros” que, sin embargo, se convertían en oportunidades para ajustar futuros actos, aprender y fortalecer la red de contactos.
En general, las reacciones coincidieron en algo: la confesión pública de un autor superventas ponía palabras a una realidad compartida por gran parte del sector, desde quienes autopublican hasta quienes forman parte de catálogos consolidados. Para muchos, el gesto de contar lo ocurrido en Vallecas fue una forma de desmitificar el éxito permanente y de normalizar los altibajos.
La Feria del Libro de Vallecas: un evento de barrio con mucho fondo
La escena relatada por Gómez-Jurado se enmarca en la décima edición de la Feria del Libro de Puente de Vallecas, que se celebra en el Bulevar de Peña Gorbea. Pese a su carácter marcadamente local, el evento ha ido ganando peso en el calendario cultural madrileño y reúne este año 19 casetas de librerías, editoriales y autores.
La programación incluye más de un centenar de actividades al aire libre: presentaciones de libros, talleres, tertulias, conciertos y propuestas pensadas especialmente para el público infantil y familiar. Solo en esta edición, pasan por la feria más de 600 escritores para firmar ejemplares y encontrarse con sus lectores.
El evento rinde homenaje a dos figuras clave de la literatura: Carmen Laforet y Mary Shelley, autoras que tampoco tuvieron trayectorias sencillas y que, en distintos contextos históricos, se enfrentaron a incomprensiones, dudas y resistencias antes de ocupar un lugar destacado en el canon.
En ese entorno, la presencia de un autor mediático como Gómez-Jurado convive con nombres emergentes, sellos pequeños y proyectos de barrio, configurando un espacio donde la convivencia entre grandes cifras y esfuerzos casi artesanales es constante. Que una de las voces más visibles del panorama actual elija resaltar una tarde casi vacía en lugar de una firma multitudinaria encaja con el espíritu de una feria que apuesta por mostrar todas las caras del libro.
En medio de ese ajetreo de casetas, niños correteando entre cuentos y vecinos que se resguardan de la lluvia bajo los toldos, la imagen de un autor sentado frente a una calle medio vacía, esperando sin perder la sonrisa por si alguien se acerca, resume bien la mezcla de resistencia y vocación que caracteriza al oficio literario en España.
Lo ocurrido en la Feria del Libro de Vallecas con Juan Gómez-Jurado ha servido para poner sobre la mesa una idea que muchos dentro del sector daban por asumida pero que pocas veces se verbaliza fuera: el éxito literario no es una línea ascendente continua, sino una suma de momentos brillantes y tardes discretas, de firmas multitudinarias y casetas vacías. Que un autor con millones de ejemplares vendidos reivindique como “normal” esas tres horas con seis lectores refuerza el valor de la perseverancia, el cuidado de cada persona que se acerca y la necesidad de seguir escribiendo, página a página, más allá de los números de un solo día.