- La Biblioteca Eugenio Trías exhibe la muestra "Borges. Años de esplendor literario" con piezas de su etapa más prolífica.
- La exposición incluye reproducciones fieles de manuscritos, primeras ediciones y un innovador sistema de narraciones sonoras.
- El evento conmemora el 40º aniversario del fallecimiento del autor con la colaboración de la Cátedra Vargas Llosa.
- Se presentan documentos clave de obras universales como "El jardín de senderos que se bifurcan" o "Las ruinas circulares".
Madrid se viste de gala literaria en un rincón tan especial como la Biblioteca Eugenio Trías, situada en el pulmón verde del Retiro. No es un sitio cualquiera, pues este edificio, que antaño fue la Casa de Fieras, sirve ahora de refugio para honrar la memoria de Jorge Luis Borges justo cuando se cumplen cuatro décadas de su partida, integrándose en las efemérides literarias y fechas clave más significativas. Pasear por allí estos días es toparse con una atmósfera que mezcla la tranquilidad del parque con el bullicio de quienes quieren asomarse a los secretos de uno de los escritores más influyentes de nuestra lengua.
La muestra, titulada «Borges. Años de esplendor literario», se centra en un periodo clave, el que va de 1930 a 1950, donde el genio porteño consolidó ese estilo tan suyo que nos dejó a todos un poco descolocados y fascinados a partes iguales. Es una oportunidad de lujo para ver de cerca cómo se gestaron obras que hoy son libros imprescindibles de Borges, gracias a la generosidad de coleccionistas como Alejandro Vaccaro y Alejandro Guillermo Roemmers, quienes han decidido compartir estos tesoros con el público madrileño.
Un laboratorio de letras y tinta en miniatura

Uno de los aspectos que más llama la atención de los visitantes es la posibilidad de observar la peculiar caligrafía del autor. Borges escribía a mano, con una letra tan pequeña que parece hecha por una hormiga, y lo hacía sobre papel pautado o incluso en libros de contabilidad. Al acercarse a las vitrinas, uno puede descubrir cómo tomaron forma relatos míticos como «Las ruinas circulares», viendo las escasas tachaduras y las correcciones que delatan una mente que ya tenía el texto casi perfecto antes de rozar el papel.
Aunque los originales más valiosos se guardan a buen recaudo en Buenos Aires, lo que se expone en Madrid son unas copias tan bien hechas que cuesta distinguirlas a simple vista. Ver esos borradores es como entrar en la cocina de un gran chef; se nota el esfuerzo artesanal que hay detrás de cada adjetivo, el uso de diversos recursos estilísticos en literatura y de cada laberinto narrativo. Es un planazo para cualquiera que disfrute de los libros, ya que permite entender que la genialidad también requiere de mucha constancia y paciencia.
La curiosa historia del Nobel que nunca llegó

Durante la inauguración, el ambiente se llenó de anécdotas gracias a la presencia de la familia de Mario Vargas Llosa. Álvaro Vargas Llosa recordó un momento algo incómodo en la Academia Sueca, cuando su padre preguntó directamente por qué Borges nunca había recibido el Premio Nobel. La respuesta del secretario de la institución fue de esas que dejan huella: admitió que fue uno de sus tres grandes errores históricos, aunque se guardó muy bien de revelar quiénes eran los otros dos desafortunados.
Vaya tela con el secretismo sueco, pero lo cierto es que, con o sin medalla de oro, la figura de Borges no ha parado de crecer. La exposición también rinde homenaje a la proyección internacional del escritor, mostrando ejemplares históricos de la revista Sur, que fue fundamental para que sus relatos imprescindibles cruzaran el charco y empezaran a leerse en toda Europa con la devoción que se merecen.
Un recorrido en tres dimensiones

La organización ha estructurado la visita en tres ejes muy claros para que nadie se pierda. Por un lado, tenemos el «Borges íntimo», que nos acerca a su vida cotidiana; por otro, el «proceso creativo», centrado en sus manuscritos; y finalmente, la «consagración editorial». Para darle un toque más moderno y que no sea solo mirar papeles, han incluido un sistema de narraciones sonoras tipo podcast que ayudan a sumergirse de lleno en su universo vital y literario mientras caminas por la sala.
Esta chulada de montaje no se queda solo en el pasado. Los responsables de la colección, que suma ya unas 30.000 piezas entre documentos y libros, tienen la vista puesta en el futuro. Alejandro Vaccaro y Alejandro Roemmers ya están rumiando la creación de un museo permanente, un centro de documentación que permita que todo este legado deje de estar guardado en baúles y pase a ser de todos, desde investigadores hasta simples curiosos que quieran entender mejor el mundo a través de la literatura.

Esta cita cultural en pleno Retiro nos deja claro que el interés por el autor de «El Aleph» no ha perdido ni un ápice de fuerza. Al salir de la biblioteca, te queda esa sensación de haber visitado un laberinto de papel y tinta donde cada corrección al margen cuenta una historia diferente. Es una suerte que Madrid acoja una muestra de este nivel, que consigue humanizar al mito y nos recuerda que, detrás de cada obra maestra, siempre hubo un hombre con una pluma y un montón de dudas geniales.
