La Masonería vió la luz el 24 de junio de 1717 en una taberna de Londres, situada cerca de la catedral de San Pablo, en esos momentos en construcción. Era el resultado de la fusión de cuatro logias o sociedades ocultas operativas contra los Estuardo, que originaron la Gran Logia londinense, posteriormente la Gran Logia de Inglaterra; un frondoso árbol, repleto de ramas con matices distintos en algunos casos, que nos drivan siempre al mismo origen. No habían transcurrido más que veintiún años desde el nacimiento de la Masonería cuando el papa Clemente XII la condenó en 1738. La historia de estos casi trescientos años, tal como explica Alberto Bárcena, es el de la incompatibilidad entre la Iglesia Católica y la Masonería.

Qué bonita es la vida cuando se enciende la chispa del amor y encuentras a tu media naranja, aunque ésta tenga forma de empanadilla glotona o de croqueta marisabidilla. A partir de ese momento todo luce de otro color, hasta las tareas más rutinarias, como la limpieza doméstica o ir a la compra, se hacen más llevaderas. Y lo sabes bien porque tú también lo has vivido. A fin de cuentas, Croqueta y Empanadilla somos todos.

Esa sensación brutal y poderosa que espanta y a la vez nos atrae. Ese escalofrío que sube por por las vértebras como una mano helada obligándonos a mirar a nuestra espalda con recelo. Durante los últimos años, Iker Jiménez lo ha notado muy próximo, casi pegado al cuerpo, vigilando cada paso al ir adentrándose en la investigación de este suceso maldito. Una trama de terror, oficialmente silenciada, protagonizada por personas normales que nunca más pudieron ser las mismas. Le costará creer que todo lo que aquí se narra es absolutamente real. De usted depende conocer una historia que llevaba veinticinco años bajo el secreto y que ahora ve por fin la luz con toda la crudeza de sus documentos y testimonios.

Cindy Zarzycki, de 13 años, salió una mañana de 1986 saltándose el castigo impuesto, supuestamente para verse con su novio, y nunca más volvió. El caso se trató como una fuga voluntaria, pero nueve años más tarde, cuando un investigador le da un nuevo giro, descubrió algo muy diferente. Basado en hechos reales.

Malala Yousafzai sólo tenía diez años cuando los talibanes se apoderaron de su región. Decían que la música era pecado. Decían que las mujeres no debían ir al mercado. Decían que las niñas no debían ir al colegio. Malala creció en una pacífica región de Pakistán transformada por el terrorismo. Aprendió a defender sus convicciones y luchó por su derecho a la educación. El 9 de octubre de 2012 estuvo a punto de perder la vida por la causa: le dispararon a quemarropa en el autobús cuando volvía a casa del colegio. Nadie creía que fuera a sobrevivir. Se ha convertido en un símbolo internacional de la protesta pacífica y es la persona más joven en haber recibido el Premio Nobel de la Paz. En esta edición de sus memorias para jóvenes lectores, que incluye nuevos materiales y fotografías, escuchamos de primera mano la extraordinaria historia de una niña que, desde muy pequeña, sabía que quería cambiar el mundo... y lo hizo. La poderosa historia de Malala nos abre los ojos a otro mundo y nos impulsa a creer en la esperanza, la verdad, los milagros y la posibilidad de que una persona -una persona muy joven- puede inspirar el cambio en su comunidad y más allá.

Alonso de Contreras, soldado de los Tercios es el segundo volumen de la colección de Historietas de Desperta Ferro Ediciones y El Fisgón Histórico, una original apuesta de cómics de historia que tratará de acercar al público infantil, juvenil y por qué no, también adulto, las andanzas de populares personajes históricos de forma didáctica a la vez que divertida, valiéndose del poderoso lenguaje visual del cómic pero siempre recurriendo a las fuentes históricas. Tras la senda abierta con el primero volumen, Harald, el último vikingo, en este caso viajamos al Siglo de Oro español con un emblemático personaje, Alonso de Contreras (1582-1645), militar y corsario español que nos legó unas ricas memorias (Vida de ese capitán) llenas de peripecias, aventuras y desventuras. Galeras y cañonazos en batallas navales contra los temibles turcos, picas en Flandes y espadachines en callejuelas oscuras, corso en las Indias contra los piratas ingleses y presidios en la frontera más lejana de ese Imperio español en el que no se ponía el sol. ¡Voto a Bríos! Alonso de Contreras nace en la «muy noble villa de Madrid» el 6 de enero de 1582, hijo de Gabriel Guillén y Juana de Roa y Contreras. Y aunque le hubiesen bautizado como Alonso de Guillén, al empezar a servir al rey tomó el apellido de su madre, y así pasó a la posteridad. Sus padres eran pobres, y tuvieron dieciséis hijos, de los cuales quedaban vivos solo ocho cuando el padre murió, un buen ejemplo de la tremenda mortalidad infantil de la época. Alonsillo debía ser una buena pieza, porque él mismo nos cuenta todos los jaleos en los que se metía en la escuela, uno de ellos tan serio que incluso le costó un año de destierro en Ávila. Con catorce años decide que lo que quería era ser soldado, así que convence a su madre para que le deje marchar. Una camisa y un par de zapatos es todo lo que la buena mujer le pudo regalar, y los zapatos los perdió al día siguiente jugando a los naipes… ¿Te hemos dicho que era una pieza? Alonso llegó a Italia, y de Milán bajo a Nápoles y a Sicilia, curtiéndose en diferentes percances de taberna, para entrar al servicio de las galeras de la Religión, que es como se llamaba a la flota de la Orden de Malta. La interminable guerra de corso que esta y la Monarquía Hispánica libraban contra el Turco por todo el Mediterráneo le iba como anillo al dedo a nuestro héroe, que pronto asciende para capitanear una nave. Abordajes, persecuciones a cañonazos, acciones de comando… todo para gastarse el botín jugando a los dados, o a los piojos (sí, has leído bien). Alonso regresaré a Madrid, para, convertido en capitán, reclutar soldados y verse envueltos en lances galanes y de espada, hacerse ermitaño, arrepentido de su mala vida, sobrevivir al desastre de la Mahometa ¡y hasta ser acusado de querer encabezar una rebelión morisca! De ahí, a América y a pelar con los piratas ingleses en el Caribe. Y siempre con tiempo para acudir a un corral de comedias con Lope de Vega o invitar a un veterano a vino para que le cuente sus desventuras en Flandes.

En marzo de 2017 se encontraron en Madrid el autor y Roberto (Bobby) Batista, hijo del que fuera un humilde mestizo de origen campesino de la entonces provincia de Oriente, obrero ferroviario, luego sargento taquígrafo del Ejército, cabecilla de la "revolución de los sargentos" en 1933, convertido en general y jefe del Ejército en un turbulento período republicano que culminaría con la convocatoria de una plural Convención Constitucional, cuyo resultado fue uno de los textos más progresistas de América, la Constitución de 1940. Ese mismo año, Batista fue elegido democráticamente Presidente por un período de cuatro años y en 1944 dio paso al ganador de las elecciones, Ramón Grau San Martín. El 10 de marzo de 1952, Batista dio un golpe de Estado para deponer al gobierno de Carlos Prío Socarrás, electo democráticamente en 1948. En enero de 1959, Fidel Castro lo expulsó del poder, iniciando una revolución aún vigente. Al primer encuentro entre Jacobo Machover y Bobby Batista siguieron otros. En todos, ambos singulares exiliados, confrontaron sus experiencias y sus ideas en torno a la compleja valoración histórica de la polémica figura de Fulgencio Batista -el sargento revolucionario, el constitucionalista, el presidente democrático, el dictador... Y cómo su imagen, paradójica sin duda, ha sido convertida en una grotesca caricatura por sus enemigos. Sus diálogos necesariamente se ampliaron para evaluar y juzgar el período político iniciado por Fidel Castro, pronto convertido en un régimen totalitario amparado bajo una identidad comunista.

Recuerda que vas a morir. Vive es una inolvidable reflexión llena de vida de lo que significa enfrentarse a la muerte. «Cuatro palabras de Samuel Beckett empezaron a repetirse en mi cabeza: No puedo seguir. Seguiré.» A la edad de treinta y seis años, y a punto de acabar una década de residencia para obtener un puesto fijo como neurocirujano, a Paul Kalanithi se le diagnosticó un cáncer de pulmón. Pasó de ser un doctor que trataba casos graves a ser un paciente que luchaba por vivir. En este libro, cargado de positivismo, Kalanithi reflexiona sobre las grandes cuestiones de la vida mientras se enfrenta a la muerte. “La realidad de la muerte es inquietante, pero no hay otra manera de vivir”, Paul Kalanithi

Tres veraneantes pasan sus vacaciones en la costa del sol. Un día, mientras caminan por un paseos que transcurre paralelo al mar, un letrero llama su atención: "Paseo de los Canadienses" ¿Por qué ese nombre? Un anciano que les observa les comenta misterioso: "todo esto es precioso , ¿verdad? Pues les diré algo, a este sitio algunos lo conocemos como la carretera de la muerte" y les señala una placa conmemorativa, fijada a la roca, dónde puede leerse "en memoria de la ayuda que el pueblo de Canadá, de la mano de Norman Bethune prestó a los malagueños fugitivos en febrero de 1937". Mientras se aleja les lanza un reto: "Averigüen, se sorprenderán de lo que van a encontrar. Se va a iniciar así un proceso de investigación en el que van a descubrir probablemente el mayor drama humano de toda la guerra civil: 8 de febrero de 1937, caída de Málaga, 150.000 personas huyen de la guerra en dirección a Almería , perseguidos sin descanso por tierra mar y aire, la huida dejará un balance de miles de muertos, mujeres ancianos y niños en su mayoría. A través del testimonio de una superviviente, una niña entonces, se revivirán los sucesos de una tragedia que, a pesar de su gravedad, es ignorada por la mayoría de los españoles, y en la que se anticipan muchos de los horrores que vendrán después: el desplazamiento masivo de poblaciones, el exterminio sin reglas del enemigo, la utilización del terror indiscriminado sobre la población civil como arma de guerra y, finalmente, el genocidio. El comic nos recuerda que reconocer la injusticia cometida, es empezar a reparar el daño causado, algo que nunca lograran quienes creen que pasar página consiste en arrancarla del libro.