Hace unos tres mil años, el hombre creó el libro y lo convirtió en mensajero de sus vivencias, su saber y su creación literaria. La memoria histórica prescindía así del vehículo oral para quedar grabada en un soporte duradero y fiable. Desde las cavernas del paleolítico hasta los modernos procedimientos de autoedición y ófset, con intervención de la tecnología láser y la informática, hay una enorme distancia que no es solo temporal, sino, sobre todo, tecnológica. Esta evolución, acelerada en los últimos tiempos, nos ha privado, es cierto, del maravilloso arte de los códices, con sus insuperables miniaturas y el paciente y cuidadoso trabajo allí reflejado, pero ha puesto a nuestra disposición todas las facetas de la cultura; ha facilitado el acceso de todos los hombres, sin distinción de razas o credos, a los bienes culturales que se desprenden de la circulación universal de los conocimientos. En esta Pequeña historia del libro se hace una excursión por la historia del libro y de los hombres que la hicieron posible, para que de sus pasos y sus técnicas nos quede este modesto testimonio, escrito con el cerebro y el corazón.

La obra que el lector tiene en sus manos no es una autobiografía ni tampoco unas memorias a secas, tal como las conocemos normalmente. Para encasillar con mayor acierto el contenido de estas cuartillas hay que pensar más bien en las memorias profesionales, subgénero poco utilizado en España, donde las memorias o la autobiografía tienen más adeptos. No se busquen aquí, pues, datos personales, íntimos o públicos, relacionados con la biografía del autor. Lo que este expone es su trayectoria como profesional de la tipografía, la ortografía, la ortotipografía y la bibliología, materias que ha tratado, estudiado, cultivado y aplicado a lo largo de su vida y que ahora ha rescatado del limbo profundo que supone el inexorable paso del tiempo y cuya visión nos ofrece en estas páginas. El título de la obra, Antes de que se me olvide, presenta una doble interpretación. Se refiere, por un lado, al hecho íntimo de que la influencia del paso del tiempo sobre la naturaleza fisiológica del autor le impida recordar más adelante aquello que vivió, sufrió o gozó desde un determinado punto de vista; y por otro lado, al hecho externo de que los demás lo olviden a él sin haber trabado conocimiento con unos hechos que seguramente pueden resultar útiles, curiosos o instructivos a algunas personas. Lo que el autor no quiere que se le olvide es su paso por el mundo tipográfico, editorial y bibliológico, empezando por su comienzo como cajista de imprenta en Sevilla (taller escuela del Ayuntamiento), siguiendo por Madrid (Brigada Obrera y Topográfica de Estado Mayor) y Barcelona (corrector tipográfico y de estilo, redactor, técnico editorial, lexicógrafo, etcétera: Editorial Bruguera, La Vanguardia, Labor, Biblograf) y terminando por su faceta de escritor, profesor en cursos y cursillos universitarios y conferenciante en congresos y otras manifestaciones culturales. José Martínez de Sousa no ha querido que sus vivencias profesionales se pierdan en el olvido. Le ha parecido mejor trazar un amplio esquema en el que cupieran sus comienzos, su lucha, sus afanes y su proceso de constante superación autodidacta aprovechando para ello todas las oportunidades que la vida le ha ofrecido… Hay en la obra un recuerdo más o menos grato para amigos, compañeros y personas con los que ha coincidido o con los que se ha cruzado. Una vida profesional de más de cincuenta años da para muchas consideraciones.

Durante 500 años el libro ha sido un conjunto de hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen, tal y como lo define el Diccionario de la Real Academia Española. La aparición de los libros electrónicos y las prestaciones asociadas a los mismos a través de las aplicaciones de e-reader y tablet, blog, sistemas de lectura social, etc., han violentado las definiciones canónicas asociadas al libro. Así, la definición aportada por la Unesco ha quedado desfasada para una parte de obras publicadas en medios electrónicos que, pudiendo ser consideradas como libros, no responden a la terminología existente. Lo cierto es que el ecosistema del libro ha experimentado un cambio radical, de tal manera que se cuestionan los eslabones tradicionales de la cadena editorial: - La labor del editor como garante de la calidad formal y conceptual de los contenidos, articulador de colecciones que le confieran coherencia. - El papel de las librerías como núcleos de acceso al libro impreso. - El papel de las bibliotecas como sitios de salvaguarda del saber. - Los derechos asociados a la función de autor y su dimensión económica, con la crisis del copyright y de la propiedad intelectual. - La función de los intermediarios, obligados a reinventarse e idear nuevas estructuras que les permitan sobrevivir en el contexto digital, en el que se está articulando una nueva cultura resultante de una economía del intercambio y de la colaboración.

Tarde o temprano recoge los catorce poemarios publicados por el autor a lo largo de más de cincuenta años dedicados a la poesía. Desde el primer libro, Los elementos de la noche (1958-1962), en el que se perciben ecos del simbolismo, hasta los poemas en prosa del más reciente, La edad de las tinieblas (2009), el poeta recorre un largo camino en el que va desprendiéndose de lo accesorio en busca de una mayor pureza y originalidad, un trayecto en el que sin duda el tercer libro, No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964-1968), marca un punto de inflexión no sólo por su desnudez y su apertura a lo coloquial, sino también por su carga social y moral. La perduración del instante, la meditación sobre el pasado y el fluir del tiempo, la preocupación por el sufrimiento, el testimonio de la frágil historia personal enfrentada a la terrible Gran Historia, se expresan a lo largo de su obra con un estilo conversacional y antirretórico en ocasiones, pero también en monólogos dramáticos o epigramas, en invectivas satíricas o elegías por un mundo que desaparece, en haikús o en largos poemas narrativos. En todas esas formas brilla un poeta extraordinario. Como dijo Carlos Monsiváis de él,«en su poesía Pacheco ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo que es resistencia al autoengaño, su fijación del sitio de la crueldad en el mundo, su poderío aforístico, su amor por el sonido del idioma... Pacheco no duda: lo que le importa es el diálogo entre autores y lectores, la actitud democrática del yo poético».

Análisis individualizado y actualizado de los términos más habituales en la práctica de la archivística con objeto de marcar su evolución conceptual, la práctica de su uso y, sobre todo, configurar su contexto a partir de las relaciones con otros términos, evitando para cada uno lo que Antonia Heredia denomina "la soledad del diccionario". Con esta publicación la Consejería de Cultura trata de ofrecer a los profesionales del sector una guía ante los numerosos cambios, ampliaciones e, incluso, desacertadas traducciones que en los últimos tiempos ha experimentado el lenguaje y vocabulario específicos de la archivística. Todo ello motivado por el uso de las TICs, la globalización y la cada vez mayor interdisciplinariedad archivística.

Los verdaderos protagonistas de este libro son otros libros, los primeros que viajaron a las Indias para quedarse y reproducirse. Se analizan los registros con libros de las flotas y galeones de 1583, 1584 y 1605, y se estudia el paso de los libros de caballería al Nuevo Continente.

El siglo XXI se está caracterizando por una progresiva influencia de los contenidos digitales y por una porosidad cada vez mayor entre el universo electrónico y el real. Vivimos en un mundo de pantallas, la del ordenador, la del móvil, las de los e-reader, las de las tabletas, cuyo fundamento es la información, y aquellos que sepan buscarla, manejarla, gestionarla, aprovecharla e interpretarla estarán en mejores condiciones para afrontar los retos personales, laborales y sociales de un mundo conectado y globalizado. Las competencias y habilidades en el uso de la información digital forman parte de cualquier currículum formativo. Así lo entienden las autoridades educativas, tanto a nivel internacional como nacional, estableciendo estándares obligatorios para su desarrollo. Igualmente, la práctica laboral o el desempeño de puestos de trabajo de muy diversa índole nos enfrentan a necesidades informativas que es preciso satisfacer para incrementar el rendimiento y la eficiencia. Incluso las actividades más lúdicas, como las relacionadas con el uso de las redes sociales, están impregnadas de un sustrato informativo cuyo conocimiento favorece un aprovechamiento óptimo. La respuesta a estas necesidades pasa por un conocimiento adecuado de las distintas fuentes de información existentes. Estas fuentes han ido asimilando los cambios que los procesos de comunicación han experimentado con el desarrollo de la tecnología. Libros electrónicos, revistas electrónicas, repositorios, enciclopedias, bases de datos bibliográficas, fuentes de información terminológicas, software libre, sistemas de sindicación de contenidos, gestores de referencia social, índices de citas, sistemas de búsqueda para la acreditación y reputación online, etc., constituyen un elenco de fuentes nuevas o renovadas diseñadas para favorecer la asimilación de las competencias digitales que exige la sociedad del conocimiento. (Cont.)

El paquete ofimático y varios servicios más que ofrece Google bajo el nombre de G Suite dispone de una versión gratuita para centros educativos. Esta suculenta oferta no podía sino tener un mayúsculo éxito mundial, con más de 70 millones de usuarios en enero de 2017. El uso del correo electrónico o el de un paquete ofimático que incluya procesador de texto, hoja de cálculo y presentaciones, son competencias imprescindibles de los docentes de hoy en día. Pero G Suite es algo más, pues está diseñada originalmente para el trabajo colaborativo y la coordinación interna de la organización empresarial. Además, goza de un servicio de aula virtual llamado Google Classroom que se ha diseñado para reducir el intercambio de papeles físicos en las tareas escolares. Si deseamos obtener un aprovechamiento óptimo de las posibilidades de este servicio de Google en los centros educativos, es imprescindible una buena administración desde la escuela. Esta obra no está destinada tan sólo a los que necesitan saber cómo administrar G Suite pues desempeñan cargos en la dirección o la coordinación informática. También ha sido concebida para aquellos docentes que han sido picados por el gusanillo de la innovación y quieren conocer lo que la buena administración de estos servicios puede ofrecer para mejorar el funcionamiento escolar. El autor se basa en su experiencia como director de centro docente y administrador de la famosa G Suite para recrear más de cincuenta casos como ejemplo donde aplicar las buenas prácticas y los procedimientos que expone. Es un manual pensado para que el lector comprenda de forma aplicada y desde el principio, la finalidad de cada una de las buenas prácticas que se recogen en él.