- Obra maestra del cómic argentino creada por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López.
- Relato de ciencia ficción que simboliza la resistencia colectiva frente a la opresión.
- Impacto cultural profundo que ha trascendido al cine, la televisión y la lucha política en Latinoamérica.

Si hablamos de hitos en la narrativa gráfica, es imposible no mencionar a El Eternauta. No es solo una historieta de extraterrestres, sino un auténtico fenómeno social que ha calado hondo en la cultura argentina y latinoamericana. Desde que apareció por primera vez, esta obra se ha convertido en un faro de resistencia y memoria, mezclando la fantasía postapocalíptica con una carga humana y política que pone los pelos de punta.
Sumergirse en este universo es aceptar que el héroe no es un tipo solitario con superpoderes, sino la acción colectiva. A través de los ojos de Juan Salvo, nos adentramos en un Buenos Aires devastado, donde el frío y la desesperación se enfrentan a la voluntad de sobrevivir. Es una historia que, más allá de sus dibujos, nos habla de la lucha contra la opresión y la capacidad de organizarse cuando todo parece perdido.
El cerebro y el trazo: Oesterheld y Solano López
La magia de esta obra nació de la sociedad creativa entre Héctor Germán Oesterheld, el guionista, y Francisco Solano López, el dibujante. Oesterheld no era un autor cualquiera; fue un maestro en tejer tramas de ciencia ficción y suspense, creando personajes inolvidables como Ernie Pike o el Sargento Kirk. Su capacidad para dotar a la historia de un trasfondo humanista es lo que hace que El Eternauta siga sintiéndose actual décadas después.
Por su parte, Solano López aportó una calidad visual soberbia. Sus trazos capturaron la esencia de las calles de Buenos Aires, dándole un realismo que hacía que la invasión alienígena se sintiera posible y aterradora. Tras el éxito inicial, Solano pasó tiempo en Europa y España, pero siempre volvió a colaborar con Oesterheld, incluso en la secuela de 1976, consolidando un estilo que acabó ganando el prestigio del premio Eisner en 2016.
La trama de una pesadilla blanca
Todo comienza con un juego de meta-ficción: un viajero del tiempo aparece ante el propio Oesterheld para contarle sus desventuras. La acción real arranca en Vicente López, donde Juan Salvo y sus amigos están tranquilamente jugando al truco cuando el mundo se va al garete. Una nieve luminiscente y tóxica empieza a caer del cielo, matando instantáneamente a cualquiera que tenga contacto con la piel.
Para no morir de hambre, el ingenioso Favalli diseña un traje aislante, que se convierte en la única herramienta de supervivencia. Junto a Pablo, un chaval de doce años que sobrevivió encerrado en un sótano, Juan Salvo comienza a organizar la resistencia. Lo que empieza como una lucha por la vida se convierte en una guerra contra los Cascarudos, unos seres insectoides que resultan ser simples peones de una inteligencia superior.
A medida que avanzan, descubren la existencia de los Mano, seres que controlan a los robots y cascarudos mediante dispositivos en la nuca, pero que a su vez son esclavos de los Ellos, los verdaderos amos del universo. Esta estructura jerárquica es una metáfora brutal sobre el poder y la manipulación del terror, donde incluso el enemigo es, en realidad, una víctima más del sistema.
Interpretaciones y carga política
Aunque la primera versión de finales de los 50 era más aventurera, la obra evolucionó junto con el autor. En 1969, Oesterheld escribió una nueva versión con Alberto Breccia, donde el mensaje era mucho más combativo y politizado. Aquí, la invasión representaba el imperialismo y la traición de las potencias extranjeras hacia los países latinoamericanos, convirtiendo el cómic en un manifiesto de independencia y lucha.
El concepto del héroe colectivo es fundamental aquí. Oesterheld rechazaba la idea del salvador individual; para él, la única forma de vencer al opresor era la unión de los trabajadores y la gente común. Esta visión resonó fuertemente en Argentina, especialmente durante los años de plomo, convirtiendo la imagen del Eternauta con sus gafas de buzo en un símbolo anti-autoritario muy presente en manifestaciones y grafitis.
El trágico destino de su creador
No se puede entender El Eternauta sin conocer la historia de su autor. Héctor Germán Oesterheld terminó escribiendo la segunda parte de la saga desde la clandestinidad, debido a su militancia política en Montoneros. Lamentablemente, el 27 de abril de 1977 fue secuestrado por los grupos de tareas de la dictadura militar argentina.
Oesterheld, junto con sus cuatro hijas, desapareció en los centros de detención clandestinos, convirtiéndose en una de las víctimas del terrorismo de estado. Su desaparición dotó a su obra de una dimensión trágica y mística; el hombre que escribió sobre la resistencia eterna acabó siendo borrado físicamente por el poder que tanto criticó en sus páginas.
Adaptaciones y el salto a Netflix
Durante años, adaptar este cómic fue un quebradero de cabeza. Hubo intentos fallidos de directores como Adolfo Aristarain o Lucrecia Martel, ya fuera por falta de pasta o por desacuerdos con la familia del autor. Sin embargo, la suerte cambió con la llegada de Netflix, que puso en marcha una producción liderada por el famosísimo actor Ricardo Darín.
La serie, estrenada en 2025, ha logrado captar el interés global, posicionándose como uno de los éxitos de habla no inglesa. Aunque se dice que la producción ha suavizado los tonos políticos para centrarse más en la fantasía postapocalíptica, el hecho de que sea supervisada por los nietos de Oesterheld garantiza que la esencia del viajero de la eternidad permanezca intacta.
El legado expandido y curiosidades
El universo del Eternauta no se quedó solo en los cómics originales. Hubo secuelas como El Eternauta II y diversas historias derivadas como El mundo arrepentido o Odio cósmico. Incluso existen adaptaciones teatrales, como El viajero de la eternidad, y proyectos musicales que rinden tributo a la obra, demostrando que el personaje ha saltado a todas las disciplinas artísticas.
Un dato curioso es la polémica escolar en Argentina. En 2012, el entonces jefe de Gobierno, Mauricio Macri, intentó quitar la historieta de los planes de estudio públicos debido a su asociación con el Nestornauta (una imagen que fusionaba al personaje con Néstor Kirchner). Lejos de hundirla, esta medida provocó que las ventas se dispararan, pues el pueblo vio en ello un acto de censura que reafirmaba el espíritu rebelde de la obra.
Esta obra es mucho más que un relato de invasión; es un testimonio del dolor, la esperanza y la fuerza de la unión humana frente a la adversidad. Desde las páginas de Hora Cero hasta las pantallas de streaming, la historia de Juan Salvo nos sigue recordando que, aunque el camino sea solitario y eterno, la verdadera victoria reside en no rendirse jamás y luchar codo con codo con el compañero.