- El 24 de agosto se celebra en Argentina el Día del Lector en conmemoración del nacimiento de Jorge Luis Borges, instituido por la Ley 26.754 en 2012.
- El metro de Buenos Aires acogió la segunda edición del 'Vagón de Lectores', una iniciativa que reunió a más de 300 personas leyendo en silencio a lo largo de la Línea H.
- La obra de Borges, con títulos como 'Ficciones' o 'El Aleph', sigue siendo un referente mundial y su legado se mantiene vivo a través de actividades culturales y educativas.
- La lectura se reivindica como un acto comunitario y de resistencia, con propuestas que combinan tradición y nuevas tecnologías para acercar los libros a todas las generaciones.
Cada 24 de agosto, Argentina conmemora el Día del Lector, una fecha que rinde homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges, ocurrido en 1899. Esta efeméride, establecida por la Ley 26.754 en 2012, no solo recuerda al autor de ‘El Aleph’, sino que también busca promover la lectura como una actividad esencial en la sociedad. La elección de este día no es casual: Borges, que aprendió a leer en inglés antes que en español, convirtió los libros en el centro de su vida y de su obra, hasta el punto de que la lectura se convirtió en una forma de entender el mundo. Para conocer más fechas similares, puedes consultar nuestra guía completa de efemérides literarias.
El escritor, que falleció en Ginebra en 1986, dejó un legado que trasciende fronteras. Su obra, marcada por laberintos, espejos y bibliotecas infinitas, ha influido a autores como Michel Foucault, Umberto Eco o Salman Rushdie. Aunque nunca ganó el Premio Nobel, recibió el Premio Cervantes en 1979 y otros galardones internacionales. Su capacidad para transformar ideas filosóficas en cuentos breves sigue siendo objeto de estudio y admiración en todo el mundo.
Un viaje literario en el metro de Buenos Aires

Una de las iniciativas más destacadas de este año fue la segunda edición del ‘Vagón de Lectores’, organizada por Subterráneos de Buenos Aires (SBASE) y la booktuber Cecilia Bona. La actividad consistió en un viaje por la Línea H, desde la estación Hospitales hasta Facultad de Derecho, donde más de 300 personas leyeron en silencio, cada una con su libro, pero compartiendo un espacio común. La convocatoria, que se enmarcó en el ciclo Año Borges, incluyó la cesión de libros por parte de la Dirección General de Promoción del Libro y una suelta de ejemplares al final del recorrido.
Bona, impulsora de la iniciativa, explicó que el objetivo era visibilizar la lectura como un acto comunitario. «Abrir un libro significa salir a buscar la voz de un otro», señaló, y destacó que la experiencia busca «revitalizar lazos comunitarios» y demostrar que leer no es una actividad solitaria. La respuesta del público fue tan positiva que los organizadores ya piensan en repetir la experiencia en otras líneas del metro y en diferentes ciudades del país.
Borges, el escritor que hizo de la lectura una forma de vida

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Desde pequeño, su biblioteca familiar fue fundamental en su formación, y su curiosidad abarcó la filosofía, la religión, las matemáticas y la ciencia. A lo largo de su vida, escribió cuentos, poemas y ensayos, pero nunca publicó una novela. Entre sus obras más reconocidas se encuentran ‘Ficciones’, ‘El Aleph’ y ‘El libro de arena’, que redefinieron el género fantástico y la narrativa del siglo XX.
Su relación con los libros fue tan profunda que, incluso cuando perdió la visión, continuó escribiendo de memoria y dictando sus textos. Borges también fue director de la Biblioteca Nacional entre 1955 y 1973, y su paso por la institución dejó una huella imborrable. Su poema «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído» resume su concepción de la lectura como parte fundamental de la creación.
La lectura como acto de resistencia y libertad

El Día del Lector no solo celebra a Borges, sino que también reivindica el acto de leer como una herramienta de pensamiento crítico y construcción de identidad. En un mundo saturado de información, la lectura profunda permite desarrollar la capacidad de análisis y mantener viva la diversidad de voces. Además, la tecnología, lejos de suplantar los libros, puede servir para democratizar el acceso al conocimiento, como demuestran iniciativas como las bibliotecas virtuales en el metro o plataformas educativas que fomentan la lectura en voz alta.
En este contexto, la celebración se convierte en una invitación a mirar hacia adelante, reconociendo que la tradición y la innovación no son contradictorias, sino complementarias. Borges, con su universo de laberintos y espejos, sigue siendo un puente entre el pasado y el futuro, y su legado nos recuerda que la creatividad es la fuerza que transforma el mundo.
Recomendaciones para adentrarse en el universo borgeano

Para quienes quieran comenzar a explorar la obra de Borges, existen cinco títulos imprescindibles que permiten recorrer distintas etapas de su producción. ‘Historia universal de la infamia’ (1935) ofrece una puerta de entrada a sus primeros experimentos narrativos, con relatos breves inspirados en personajes marginales. ‘Ficciones’ (1944) reúne algunos de sus cuentos más célebres, como «La biblioteca de Babel» o «Funes el memorioso», y condensa sus obsesiones por el infinito y el tiempo.
Otros títulos como ‘El Aleph’ (1949), que da nombre a la colección, o ‘El hacedor’ (1960), que combina poemas y prosas breves, muestran la versatilidad del autor. Finalmente, ‘El libro de arena’ (1975) cierra este recorrido con una imagen perturbadora: un libro de páginas infinitas. Estas obras no solo son esenciales para entender a Borges, sino que también ofrecen una experiencia de lectura única que invita a reflexionar sobre los límites de la realidad y la ficción.
La celebración del Día del Lector en Argentina es, en definitiva, un recordatorio de que los libros siguen encontrando lectores y de que la lectura, como decía Borges, es una de las formas más directas de mantener vivo el legado de quienes nos precedieron. Cada 24 de agosto, la fecha se convierte en una oportunidad para abrir un libro, detenerse en una página y dejar que una historia o una idea modifique nuestra manera de mirar el mundo.