- El cortometraje 'Cara de Cona', de Guillermo de Oliveira, se alza con el X Premio de Cortometraje y califica por primera vez para los Goya.
- El escritor Julián Ibáñez recibe el III Premio de Honor del festival.
- Tres novelas finalistas compiten por el X Premio de Novela Cartagena Negra.
- El festival incluye clubes de lectura, cine y actividades en la cárcel de Sangonera.

La ciudad portuaria se convierte una vez más en el epicentro del género negro con la duodécima edición de Cartagena Negra, que arrancó este domingo y se prolongará hasta el próximo sábado. Durante una semana, el certamen despliega un completo programa que combina presentaciones literarias, mesas redondas, proyecciones de cine y clubes de lectura en distintos enclaves del municipio. La cita, que ya es un referente en el panorama nacional, reúne a decenas de autores consagrados y nuevas voces que encuentran en la ciudad un escaparate perfecto para sus obras.
La edición de este año, sin embargo, llega con un aliciente extra: por primera vez en su historia, el festival actúa como certificador oficial para los Premios Goya, lo que ha elevado el nivel de participación y ha puesto el foco en su apartado audiovisual. Precisamente esa novedad ha obligado a reajustar el calendario para anunciar el fallo del certamen de cortometrajes antes de lo habitual, cumpliendo así con los plazos marcados por la Academia de Cine. El resultado no ha podido ser más satisfactorio, con un ganador que ya suena con fuerza para la próxima carrera de los Goya.
Un corto gallego que apunta alto

El cortometraje ‘Cara de Cona’, escrito y dirigido por el gallego Guillermo de Oliveira, se ha proclamado ganador del X Premio de Cortometraje Negro. La cinta, una comedia negra de 17 minutos producida por Zapruder Pictures y distribuida por Madrid en Corto, adapta libremente el relato ‘Cara de luna’ de Jack London. La historia narra el odio visceral de Moncho, un vecino de una aldea rural gallega, hacia Pardavila, un nuevo residente bonachón que cae bien a todo el mundo. Después de fracasar en sus intentos por amargarle la vida, Moncho urde un plan para acabar con él, en una trama que algunos ya han definido como un ‘reverso luminoso de As Bestas’.
El reparto está encabezado por Milo Taboada, Diego Anido, Nancho Novo y Cristina Andrade, y el rodaje se desarrolló durante seis días en la Ribeira Sacra, con localizaciones múltiples, la construcción de un hórreo para una secuencia de incendio y el trabajo previo de un adiestrador canino. De Oliveira, que ya había cosechado éxitos con ‘Desenterrando Sad Hill’, ha agradecido el reconocimiento y ha señalado que el cortometraje ya está disponible en Movistar Plus.
El premio se entregará el sábado 12 en Cartagena, donde el director también participará en una mesa redonda sobre el género negro moderada por Cristóbal Terrer, coordinador del área cinematográfica del festival. Pero la importancia de este galardón trasciende lo meramente simbólico, porque al ser Cartagena Negra festival certificador, el corto entra directamente en la carrera de los Goya. De Oliveira ha confesado que «queda muchísimo camino», pero se muestra optimista sobre las opciones de colarse en la shortlist de 15 títulos que manejará la Academia.
Julián Ibáñez, homenajeado en una jornada de récords

La jornada del martes acogió uno de los momentos más emotivos del festival con la entrega del III Premio de Honor a Julián Ibáñez, uno de los nombres fundamentales de la novela negra española. El autor recibió el galardón, una pieza creada por la escultora Belén Orta, en un acto celebrado en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy. Ibáñez, conocido por su mirada a los ambientes marginales y personajes alejados de los convencionalismos, fue entrevistado por la editora Alicia Arés en un encuentro que repasó su extensa trayectoria.
El personaje más icónico de su obra, Bellón, un investigador que se mueve entre los bajos fondos como confidente y mediador, fue otro de los protagonistas de la velada. Además, el escritor tuvo el honor de entregar el VIII Premio Icue Negro, destinado a autores debutantes. Susana Jódar, con ‘El negocio’; Pedro Díez Martín, con ‘La mano de Fátima’; Juan Antonio López, con ‘Astrágalo’; y Antonio Rubio, con ‘Cadáveres con código QR’, fueron los finalistas que compitieron por este galardón, que finalmente recayó en uno de ellos durante la misma tarde.
La jornada comenzó con un club de lectura dedicado a ‘La doble desaparición de Abril del Pino’, de Marina Sanmartín, moderado por Salvador Martínez. Una programación intensa que demuestra la capacidad del festival para aglutinar diferentes formatos y sensibilidades en torno al género, desde el relato más clásico hasta las propuestas más arriesgadas.
Tres novelas finalistas para el premio grande

El plato fuerte del certamen llegará el sábado con el fallo del X Premio de Novela Cartagena Negra, que este año cuenta con una terna de finalistas de altísimo nivel. El comité organizador, liderado por Paco Marín, ha destacado que las obras seleccionadas «no solamente tratan novela negra y asesinatos, sino que además hacen crítica social». La primera candidata es ‘Amoníaco’, de Carlos Augusto Casas, que plantea la posibilidad de que cualquiera pueda convertirse en asesino y aborda temas como la precariedad laboral, la inmigración o la indiferencia institucional. La trama sigue a Isabel, una limpiadora que sufre humillaciones constantes y acaba firmando una serie de crímenes bajo el pseudónimo de Amoníaco, enfrentándose a la inspectora Eloísa, recién llegada a homicidios.
La segunda finalista es ‘Donde nacen las bestias’, de Pedro Feijóo, que traslada la acción a Galicia con el hallazgo del cadáver mutilado de un sastre. El inspector Mateo Romano, un personaje habitual en la obra del autor, investiga un crimen que conecta con una violencia ancestral y leyendas como la del Sacamantecas. La novela profundiza en la especulación urbanística, los incendios forestales y los intereses económicos alrededor de la madera, manteniendo un ritmo trepidante hasta un desenlace inesperado. Por último, ‘Matacrías’ de Alberto Puyana arranca con la aparición de los cuerpos de dos adolescentes y la desaparición de una tercera joven, con una corbata arrugada en el cuello de las víctimas como macabra seña del asesino en serie. Marín ha elogiado el lenguaje «cotidiano y sin circunloquios» de Puyana, que atrapa al lector desde las primeras páginas.
Más allá del papel: cine, cárcel y cantera

La edición de este año ha reforzado su vertiente social con una iniciativa que ya se ha convertido en tradición: el club de lectura en el Centro Penitenciario Murcia I. Alrededor de un centenar de internos participaron en un taller en torno a la obra de Jesús Boluda, quien acudió personalmente al centro para compartir sus impresiones. Antonio Parra, organizador, celebró la acogida de la experiencia, destacando que muchos internos «se iban animando» a leer a medida que avanzaba la sesión. Una apuesta clara por acercar la literatura a quienes más lo necesitan y demostrar el poder transformador de los libros.
El apartado cinematográfico también ha tenido un peso destacado, con la proyección de ‘El instinto’, de Juan Albarracín, seguida de un coloquio con Cristóbal Terrer. El festival continúa hasta el sábado con más actividades: clubes de lectura dedicados a Rafa Melero, Eduardo Fernán-López y Santiago Díaz, mesas redondas como ‘Los cinco sentidos del crimen’ con Rosa Huertas, Annika Brunke y Laura Manzanera, y la presentación de ‘La playa de cristal’ de Andrés Cortés Caballero, ganador del III Premio Philip Marlowe. El viernes por la noche, los Premios Boria ofrecerán un recital de jóvenes autores negros y el concurso de microrrelatos ‘Deje aquí su sombrero’ pondrá la nota lúdica en Míster Witt.
La clausura del sábado trasladará parte de la actividad al Museo del Teatro Romano, donde tendrá lugar la mesa ‘Muertes locales’ con autores de la región. Después se entregará el premio de cortometrajes y se proyectará la obra ganadora, seguida de una conversación entre Guillermo de Oliveira y Cristóbal Terrer sobre el cine negro de distancias cortas. La recta final reunirá a los tres finalistas de novela en una mesa coordinada por Antonio Parra Sanz, antes de que se anuncie el ganador a las 21.00 horas, poniendo el broche a una semana que ha vuelto a confirmar a Cartagena como la capital española del misterio.
Con un balance más que positivo, la organización hace balance de una edición que ha batido récords de participación y ha logrado implicar a todos los sectores de la ciudad. El relevo generacional se ha hecho evidente con la apuesta por los premios Boria y el Icue Negro, mientras que los autores consagrados han demostrado su compromiso con una cita que «hace todo lo posible por atraer a los invitados». La literatura negra sigue demostrando que es mucho más que un género: es una herramienta para mirar la realidad con otros ojos, denunciar injusticias y, sobre todo, fomentar el hábito de la lectura en tiempos de ruido constante. Cartagena Negra ya piensa en su próxima edición, pero por ahora, el listón queda alto.