Búsqueda de Vida en Marte: De la Fantasía a la Evidencia Científica

Última actualización: 14 junio, 2026
  • Marte pasó de ser visto como un mundo con civilizaciones artificiales a ser analizado como un planeta estéril con posible vida microbiana antigua.
  • El descubrimiento de agua en estado sólido y la evidencia de antiguos océanos son fundamentales para entender su habitabilidad pasada.
  • El rover Perseverance ha identificado posibles biofirmas en el cráter Jezero, específicamente minerales asociados a procesos biológicos en la Tierra.
  • La falta de una actividad volcánica fuerte impidió que Marte mantuviera el equilibrio climático necesario para la vida a largo plazo.

Planeta Marte

Durante siglos, el Planeta Rojo ha sido el protagonista de nuestros sueños y pesadillas más locas. Desde que los primeros astrónomos empezaron a dibujar sus mapas hace casi dos centurias, la humanidad se ha obsesionado con la idea de que no estamos solos en el universo y que Marte podría ser el hogar de alguna civilización o, al menos, de algún organismo vivo.

Lo que empezó como una serie de malentendidos lingüísticos y espejismos visuales ha evolucionado hasta convertirse en una disciplina científica rigurosa. Hoy en día, ya no buscamos ciudades marcianas ni canales artificiales, sino que nos sumergimos en el análisis de rocas y la detección de gases para intentar descifrar si alguna vez hubo vida en el vecino rojo.

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El camino desde la observación telescópica hasta la era espacial

Todo empezó a tomar forma en 1837 con Beer y Mädler, quienes se lanzaron a crear el primer mapa del planeta basándose en lo que veían por sus telescopios. A finales del siglo XIX, la cosa se puso interesante con Giovanni Schiaparelli, quien describió unos canali en la superficie. El problema es que, al traducir el término al inglés como , la gente empezó a pensar que eran obras de ingeniería construidas por alienígenas para mover el agua de los polos a sus ciudades. Fue un error de traducción que alimentó la imaginación popular durante décadas.

Esta fascinación traspasó la ciencia y llegó a la literatura. H. G. Wells escribió , que más tarde Orson Welles convirtió en una radionovela que causó el pánico total en Estados Unidos en 1938. La gente creyó que los marcianos habían invadido la Tierra, demostrando cuánto calaba la idea de la vida extraterrestre en la psicología colectiva.

Sin embargo, la realidad nos dio un bajón considerable cuando llegaron las primeras sondas. El Mariner 4, en 1965, nos mostró un mundo seco y helado. A partir de ahí, la ciencia empezó a descartar la idea de ciudades y se centró en buscar musgos o líquenes primitivos, aunque incluso eso parecía improbable debido a la falta de oxígeno y agua líquida en la atmósfera, según demostró William Wallace Campbell ya en 1884.

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Misterios visuales y la trampa de la pareidolia

Uno de los episodios más curiosos fue el de la «Cara de Marte» en la región de Cidonia. En 1976, la sonda Viking 1 tomó una foto donde parecía verse un rostro humano gigante. Algunos ufólogos, como Richard Hoagland, aseguraron que era un monumento construido por inteligencias externas. Pero, como suele pasar, la ciencia tiene la última palabra: era simplemente pareidolia, esa manía de nuestro cerebro de encontrar caras en cualquier sitio, sumada a una resolución de imagen bastante pobre.

Años después, con la Mars Global Surveyor y la Mars Odyssey, se tomaron fotos con mucha más nitidez y bajo distinta luz, confirmando que no había ninguna cara, solo rocas y sombras jugando con nuestra percepción.

El agua: la pieza clave del rompecabezas

Si queremos encontrar vida, necesitamos agua líquida, y ahí es donde Marte se pone complicado. Actualmente, el agua solo existe en estado sólido como hielo en los polos o en el subsuelo. El agua líquida no puede sobrevivir en la superficie debido a la bajísima presión atmosférica; si intentaras poner un vaso de agua en Marte, se sublimaría o congelaría al instante.

Pero el pasado es otra historia. Se cree que Marte tuvo océanos tan vastos como el Atlántico y una atmósfera densa que mantenía el calor. Al perder esa atmósfera en el espacio, el planeta se quedó congelado. Aun así, la NASA ha detectado indicios de canales de agua intermitentes y torrentes que habrían fluido en las paredes de cráteres hace relativamente poco tiempo.

Análisis de meteoritos y el enigma del metano

No hace falta ir siempre a Marte para estudiarlo, ya que algunos trozos han llegado a nosotros. La NASA tiene un catálogo de meteoritos marcianos, entre los que destacan el ALH84001, el Nakhla y el Shergotty. Algunos científicos creen haber visto fósiles microscópicos o moléculas orgánicas en ellos, aunque esto sigue siendo un debate abierto ya que el carbono puede formarse por procesos no biológicos.

Otro gran misterio es el gas metano. En 2003 se detectaron trazas de este gas, lo cual es rarísimo porque el metano es inestable en Marte y desaparece rápido. Esto sugeriría que hay una fuente activa produciendo metano, ya sea por actividad geológica o, en el mejor de los casos, por microorganismos. Aunque la sonda Curiosity sugirió más tarde que las cantidades eran mucho menores, la duda persiste.

Misiones modernas y el hallazgo de las biofirmas

Desde las sondas Viking en los 70, que dieron resultados inconcluyentes, hasta la actual misión Perseverance, el objetivo ha sido el mismo: buscar rastros biológicos. Recientemente, en el cráter Jezero, el rover Perseverance encontró una roca llamada Cheyava Falls que presenta unas manchas de leopardo. Estas marcas contienen minerales como la vivianita y la greigita, que en la Tierra suelen estar ligadas a metabolismos microbianos.

Este descubrimiento es revolucionario porque se trata de rocas sedimentarias relativamente jóvenes, lo que implica que Marte pudo ser habitable durante mucho más tiempo del que pensábamos. Para confirmar si esto fue realmente vida o una reacción química abiótica, sería necesario traer esas muestras a la Tierra, aunque el presupuesto de las agencias espaciales pone en riesgo este regreso.

La fragilidad del equilibrio marciano

¿Por qué la Tierra floreció y Marte se convirtió en un desierto? Un estudio basado en datos del rover Curiosity apunta a que Marte tuvo destellos de habitabilidad, pero fueron oasis efímeros. A diferencia de la Tierra, donde el ciclo del carbono y la actividad volcánica mantienen el clima estable, Marte tuvo una actividad volcánica demasiado débil para sostener una atmósfera cálida y húmeda.

Esto significa que, aunque hubo ríos esporádicos, los periodos de sequía duraban millones de años, demasiado tiempo para que la vida pudiera prosperar y evolucionar. La esperanza actual reside en buscar vida a profundidades mayores a 7,5 metros, donde la radiación solar y cósmica no pueda destruir el ADN y el ARN de posibles microorganismos.

El camino para comprender el Planeta Rojo ha transitado desde la fantasía de los canales artificiales hasta la detección de posibles biofirmas en el cráter Jezero. Aunque la superficie actual sea un entorno hostil y estéril, la evidencia de antiguos ríos, la presencia de carbono orgánico y los misteriosos minerales en las rocas sugieren que Marte tuvo un pasado mucho más dinámico, dejando la puerta abierta a que la vida, aunque fuera microbiana, haya dejado su huella en el subsuelo.