- Ana María Matute, tercera mujer en la RAE, defendió la infancia como etapa plena de emociones.
- En su discurso de ingreso (1998) describió el bosque como metáfora de la literatura y la imaginación.
- En 2008, con motivo de 'Paraíso inhabitado', reflexionó sobre cómo los niños de antes se refugiaban en la lectura frente a la sobreestimulación actual.
- La autora rompió un largo silencio literario tras una enfermedad y dejó un mensaje sobre la importancia de leer a cualquier edad.
Ana María Matute, nacida en Barcelona en 1925 y fallecida en 2014, fue una de las escritoras más galardonadas y queridas de la literatura española. Su obra, marcada por la Guerra Civil y la posguerra, convirtió la infancia en un territorio literario lleno de matices, donde los niños no eran simples espectadores sino protagonistas de emociones intensas. Fue la tercera mujer en ingresar en la Real Academia Española en casi tres siglos, un hito que refleja su relevancia en la vida, obra y premios de Ana María Matute.
En 1998, durante su discurso de ingreso para ocupar el sillón K, Matute invitó a los asistentes a adentrarse en el bosque de la imaginación, la fantasía y la palabra, un mundo que la había fascinado desde la infancia. Diez años después, en una entrevista en la Cadena SER con motivo de la publicación de Paraíso inhabitado, recuperó aquellos recuerdos y reflexionó sobre cómo ha cambiado la forma de vivir la niñez.
El bosque de la imaginación: su discurso en la RAE
En su discurso de 1998, Matute describió su obsesión literaria como un bosque que representa el mundo de la imaginación y el ensueño, pero también el de la propia literatura. Citó a Lewis Carroll y recordó a aquella niña que, antes de saber leer, veía los libros como bosques misteriosos. Esta metáfora del bosque se convirtió en el eje de su creación, un espacio donde la fantasía y la realidad se entrelazan.

Paraíso inhabitado y el regreso a la escritura
Tras un largo periodo de silencio literario, Matute publicó Paraíso inhabitado, una novela en la que volcó un montón de ideas que surgieron tras superar una enfermedad y una larga estancia en el hospital. En la entrevista de 2008, explicó que ya no le apetecía escribir para niños, pero dejó claro que la lectura es beneficiosa a cualquier edad. «A partir de los 14 años, si te gusta leer, puedes leer a Proust», afirmó, subrayando que el hábito de leer, aunque no se entienda todo, siempre deja algo.

La infancia como refugio y la crítica a la sobreestimulación
En aquella conversación, Matute comparó su propia infancia, marcada por la escasez y la censura, con la de los niños de principios del siglo XXI. Señaló que en su época los niños se refugiaban en la lectura y la imaginación porque no tenían tantos juguetes ni estímulos. «Ahora a los niños se lo dan todo hecho, con juegos que ya están jugados», criticó, advirtiendo del peligro de la sobreestimulación. También destacó un avance: «El gran avance es que ahora a los niños se les da importancia, tienen opinión y pueden decidir». Para Matute, la infancia no era una etapa ingenua, sino llena de claroscuros, donde el amor y el odio se sentían con la misma fuerza.

La escritora barcelonesa dejó un legado que sigue vigente: su defensa de la imaginación como refugio vital y su mirada lúcida sobre la infancia. A través de obras como Primera memoria, Los hijos muertos y Paraíso inhabitado, demostró que los niños viven emociones tan auténticas como las de cualquier adulto, y que la literatura es una herramienta poderosa para entender el mundo. Su mensaje sobre la importancia de leer y de permitir que los niños se aburran y creen sus propios mundos resuena hoy más que nunca en la literatura española.